“No retratar el dolor es como si el dolor no existiera”

Fotoperiodistas policiacas hay pocas y enfrentan situaciones profesionales más complicadas que sus colegas varones. Se les cuestiona desde el hecho de ser mujeres. Fabiola Juárez Rodríguez es una de ellas, en búsqueda permanente de fotografiar más allá del saldo criminal: la ruptura de familias por la violencia y los mundos que cambian por una ausencia.

Fabiola Juárez Rodríguez es de las pocas mujeres fotoperiodistas que se desenvuelve en la fuente policiaca en San Luis Potosí. Lleva más de siete años en el ejercicio periodístico, tiempo en el que no sólo se ha enfrentado a ganarse su lugar entre sus compañeros, sino que la mayoría de las personas con las que trabaja son hombres: peritos, policías, paramédicos, bomberos, rescatistas, lo que convierte en un reto ejercer libremente su profesión.  

Sin embargo, cubrir la nota roja es una de sus más grandes pasiones que le permite contar historias desde la incansable labor que realizan las y los rescatistas, evidenciar la inseguridad y las consecuencias de la delincuencia organizada, darle voz a las víctimas y sus familias, lo que hace que valgan la pena las dificultades que conllevan cubrir la nota roja, como el machismo. 

¿Cómo ha sido desenvolverte en un ámbito que está dominado por hombres?

Tienes que luchar con hombres dentro de las redacciones, tienes que luchar con hombres fuera de las redacciones y cuando empiezas a hacer tu trabajo nunca falta el comentario de “esa morra sabe y hace las cosas bien porque de seguro se está acostando con no sé quién”. Tu trabajo lo echan para abajo y lo minimizan solo porque eres mujer. Creen que es complicado que una mujer pueda cubrir nota roja, pero en el ámbito periodístico, como en muchos otros, estamos demostrando que podemos dedicarnos a lo que queramos. 

¿Cómo describes el perfil de una reportera de la fuente policiaca?  

Es de mucha fortaleza, de llegar, hacer tu chamba, tratar de no ser visto por los familiares porque hay ocasiones en donde hay víctimas de hechos dolosos y no tienen con quien desquitarse y te ven a ti como periodista o como fotógrafa y te agreden, te empujan, te gritan maldiciones, te amenazan, te hostigan. Tienes que ser fuerte para soportar eso y seguir con tu chamba y seguir con tu vida. 

LAS VÍCTIMAS QUE NADIE VE

En el 2019 ganó, por segunda vez, el Premio Estatal de Periodismo en la categoría de Fotografía y enfrentó cuestionamientos sobre cómo era posible que premiaran a una persona por retratar el dolor humano, a lo que ella concluyó. 

¿Qué te motiva a tomar esas fotografías? 

Si dejamos de retratar el dolor es como si el dolor no existiera, cuando yo llego a una escena del crimen me toca ver el dolor de los familiares, de cómo se abrazan, de cómo se desesperan por abrazar los cuerpos. Yo no llego buscando eso, pero si en el momento está ocurriendo lo retrato porque no sólo se trata de tomar la línea policial o el movimiento policiaco, sino de contar otras historias, de cómo en un hecho hay más víctimas y tratar de llevar ese dolor a las autoridades y a la misma sociedad de que no sólo es “encontraron un muerto y ya”, sino cómo se están rompiendo las familias por la violencia. Nuestro trabajo es documentar y evidenciar esas historias. 

¿Cuál fue la situación que más te ha impactado al retratar? 

Todas te tocan a nivel muy distinto, hay escenas del crimen en la que puedes ver a mujeres envuelta en colchas y piensas “yo soy mujer, a mí me podría pasar esto, a mis amigas les podría pasar esto”. Pero también hay historias de esperanza, de cuando las personas sobreviven a un accidente o de paramédicos rescatando gente. Pero me impacta conocer las historias que hay más allá de los hechos policiacos.  

CUBRIR LA NOTA ROJA DESDE 

UNA VISIÓN MÁS HUMANIZADA 

Considera que el ejercicio periodístico de la fuente policiaca se ve desde un enfoque poco humanizado y por ello se cae en la revictimización, en emitir juicios de valor y la exposición de las víctimas. 

¿Hace falta una visión más humanizada en el quehacer periodístico?

No es por criticar o juzgar a la vieja guardia, pero siento que los reporteros hombres, sobre todo los de la vieja guardia, como que hasta les emociona o bromean sobre estos temas y tal vez porque su masculinidad no les permite ser sensibles van perdiendo precisamente esa sensibilidad ante las situaciones que vamos enfrentando. Hace falta ver desde otro enfoque el periodismo y fotoperiodismo policiaco para no caer en el morbo y cumplir con la única finalidad de evidenciar los hechos.

¿Cambia tu manera de ver la vida después de enfrentarte y presenciar todos los días situaciones de riesgo?

Lo que vivimos en lo profesional se traspasa en la vida cotidiana, con tus familiares, todo el tiempo cuestionando, emitiendo recomendaciones “dónde estás, ponte el cinturón de seguridad, no mandes mensajes cuando manejes, no dejes que los niños hablen con personas extrañas” te vuelves más precavida, siempre traes esa pulsión de que algo va a pasar y multiplica tu estado de alerta. 

NO HAY MECANISMOS 

DE APOYO PSICOLóGICO 

Como periodista de la nota roja ha tenido que enfrentar no sólo la crisis de los sucesos que le tocan cubrir, sino también amenazas y agresiones por parte de los familiares o de los hechos que evidencia, sin embargo, estos estados de ánimo los tiene que enfrentar con sus propios medios, debido a que en las redacciones no hay planes de contención ni personas asignadas para atender situaciones extraordinarias.

¿Cuentas con algún tipo de apoyo psicológico o emocional en la redacción, justamente para sobreponerte a enfrentar 

estas situaciones?

No hay una seguridad emocional dentro de las redacciones, tienes que lidiar con tus emociones y las emociones de las víctimas, llegas a tu casa cansada, triste, sabiendo que con el sistema de justicia que tenemos, esas personas posiblemente pasen años para que se les dé o no se les brinde justicia y eso es desgastante. Tus emociones son un torbellino, es necesario que los periodistas tengamos un seguro psicólogo y emocional, que tengamos con quién hablar y renovar energías para poder seguir con el ejercicio periodístico de la manera más sana posible. 

¿Tú qué haces cuando regresas de una cobertura? 

Vamos generando nuestros mecanismos de defensa, yo, por ejemplo, cuando es de noche y voy a una cobertura y regreso de madrugara lo que hago es cambiarme totalmente de ropa y si tengo chance y ánimos me meto a bañar también para quitarme todo, me tomo un té, algo relajante, pongo música, leo, hago cosas que me haga volver a mí y tratar de dormir y descansar lo mejor que se pueda. 

“ALGUIEN TIENE QUE ESTAR 

AQUÍ CONTANDO HISTORIAS”

A pesar de las dificultades que Fabiola ha enfrentado durante su ejercicio periodístico y de ganarse un lugar en un ámbito completamente dominado por hombres, asegura que es lo que más le gusta hacer, contar historias, evidenciar la inseguridad, alertar a la ciudadanía sobre ciertos hechos. 

“Es muy difícil, a veces sí quisiera dedicarme a rescatar perritos o a hornear, pero no, a más de siete años y de ir y venir en el ejercicio periodístico me doy cuenta que es lo que más me gusta, alguien tiene que estar aquí contando historias, más mujeres tienen que estar aquí, contando historias y ganando espacios”.