Aunque forma parte de las medidas sanitarias, el cubrebocas no permite conocer el rostro de las personas y cuando se trata de un militar, el prejuicio hace prever que será un rostro serio, firme y sin mueca alguna.
Sin embargo, en cuanto se retira la mascarilla la hipótesis resulta errónea, pues Citlatic Nayaret Viniegra Aguilar sonríe y pregunta dónde situarse para platicar con Pulso sobre su carrera castrense.
Ella es teniente cirujana dentista, especializada en odontopediatría en el Hospital Regional de la Doceava Zona Militar en San Luis Potosí, tiene nueve años de servicio, obtuvo su alta el 1 de septiembre de 2012 en la Escuela Militar de Odontología como cadete.
Narra que previo a su ingreso al sistema militarizado, estudió un año en una universidad civil, sin embargo, finalmente se inclinó por las fuerzas castrenses.
Progresividad e igualdad
La teniente refiere que anteriormente las mujeres solo tenían acceso a trabajar en espacios determinados dentro del Ejército Mexicano: enfermería, medicina y odontología. Sin embargo, desde 2007 ya pueden laborar en más lugares, incluso formar parte de la estructura armada.
“Definitivamente estamos evolucionando en incursionar más en todas las áreas, incluso llegará un día que una mujer dirija al Ejército Mexicano”, dijo en entrevista desde el Hospital Militar Regional de la Capital potosina.
La joven militar remarca que el acceso a la milicia de un hombre o una mujer, ya sea como soldado o cadete en un plantel de educación militar, se lleva a cabo bajo el mismo proceso de ingreso.
Citlatic Nayaret asegura que las mujeres militares pueden desempeñarse, de acuerdo con sus expectativas, en cualquier puesto en la Sedena, es decir, como oficinista, médica, ingeniera, odontóloga, enfermera, encargada de comunicación social o de otras áreas operativas.
Cuenta que, desde la infancia, a ella y sus dos hermanas, sus padres siempre le brindaron e incentivaron la capacidad de decisión, por ello, cuando les anunció su intención de incursionar en una escuela militar no hubo mayor inconveniente.
“No existió este tabú de que los hombres solamente pueden ingresar el Ejército o que una mujer no puede desenvolverse en esas áreas. Entonces creo que es fundamental que, desde la niñez, las niñas y niños vean ese apoyo por parte de sus familiares”, enfatiza.
Como parte de su trabajo, diariamente atiende a niños y niñas, dice que muchas de ellas les expresan su deseo de ingresar a la Sedena, dado que ven a su padre uniformado “y ahora saben que también pueden uniformarse”.
- ¿Te consideras feminista? ¿Cómo concibes el feminismo desde la milicia? –se le preguntó.
- El feminismo surge como una idea, fue parte de la lucha indispensable desde el siglo XVIII, de las mujeres por buscar la igualdad. Sabemos que desde inicios de la humanidad la mujer fue poquito como relegada al hogar, a ser solamente ama de casa, madre, esposa e incluso, otras definitivamente ingresaban como monjas.
“El contexto histórico es muy importante para nosotras, porque debemos de reconocer que el hecho de que yo, por ejemplo, esté aquí, es el resultado de una lucha que hicieron muchas mujeres durante más de dos siglos.
“Entonces, yo estoy a favor del feminismo y me considero una mujer que puede defender a otra si yo veo que está siendo amedrentada u orientarla a buscar el apoyo necesario. Yo estoy convencida que todas las mujeres que estamos actualmente laborando, seamos militares o civiles, que tenemos la oportunidad de votar, de decidir con quién casarnos, de elegir si tener o no hijos, pues podemos decidir y tener la libertad de opinión gracias a esta lucha que inició hace muchos años.