Estamos viviendo un México donde lo que reinan es la incontinencia verbal, la obsesión ideológica y el personalismo con el que se guía a nuestro país, y la frivolidad, la ceguera social y la falta de generosidad que caracteriza a gran parte de la oposición, advirtió Pascal Beltrán del Río, director editorial del periódico Excélsior.
Beltrán del Río fue el reportero que reforzó la cobertura del movimiento navista en 1991 en San Luis Potosí, luego de que lo consideró el único estado que provocó la resistencia civil pacífica en las elecciones intermedias que llevaron a Fausto Zapata a la gubernatura.
Dijo que el mejor homenaje póstumo que se puede hacer a alguien es tenerlo en la memoria y vivir de acuerdo con las enseñanzas que dejó en su paso por este mundo, “y eso vale más que todas las estatuas que le podamos dirigir y las calles y las plazas a las que pongamos su nombre, por muy merecidas que sean”.
Explicó que a 31 años de la partida de Salvador Nava Martínez, el líder civilista sigue siendo un ejemplo y un referente para quienes creen en las virtudes de una sociedad democrática.
“Todos tenemos en la cabeza el modelo de ciudadano que sintetiza nuestra aspiración de país... yo tengo claro que el mío es él..., lo recuerdo arrojado sin ser soberbio, tranquilo sin ser timorato, honrado sin ser presuntuoso, convencido sin ser inconsciente y recto sin pretender imponer su moralidad a los demás”.
Desde su punto de vista, lo que hizo Salvador Nava fue un simple ejercicio de congruencia entre lo que pensaba y lo que hacía.
Recordó que él era un joven reportero cuando fue enviado a San Luis Potosí para apoyar a su colega Gerardo Galarza en la cobertura de las consecuencias del desaseado proceso electoral para renovar la gubernatura del Estado en 1991.
Aclaró que el país venía saliendo de la traumática experiencia de 1988 que dejó una elección presidencial sin triunfador claro, y el ganador oficial de esos comicios Carlos Salinas de Gortari, se había empeñado en obtener una legitimidad de facto para sustituir la que le habían negado en las urnas.
Explicó que el doctor Nava unió al PAN y al PRD como solo él podía hacerlo, y extraño se hacía a los reporteros que cubrían la fuente política, de que pudo reunir en pos de un mismo objetivo a Luis H. Álvarez y Cuauhtémoc Cárdenas, “dos dirigentes honestos y valientes, pero separados por sus respectivas estrategias, y aunque Nava no vería sus esfuerzos coronados por la gubernatura, y estoy seguro que eso era poner al país en la ruta de la democracia”.