Pandemia rompe tradición familiar

Desde hace 28 años, madres, tías y primas vendían flores en las puertas del Saucito; ahora ni siquiera abrieron el cementerio

Desde los cinco años, Aurora Gámez Rodríguez se dedica a la venta de flores afuera del panteón “El Saucito” durante las celebraciones del Día de Muertos. La pandemia por Covid-19 frenó 28 años de trabajo ininterrumpido, años en los que ella y su familia solían afrontar cinco o seis días de labor para que familiares y amigos llevarán un arreglo floral a sus difuntos durante una de las festividades más importantes en la cultura mexicana.

La labor que inició la hermana de su abuela materna y que después retomó su mamá, se convirtió en una actividad que distingue a la familia Rodríguez y es un ingreso anual importante que este año no pudieron obtener. “Normalmente las ganancias que saco en estas fechas las invierto para comprar ropa que vendo al final de año. Ahora no sé cómo le haré para sacar mis últimas ventas del año”, dijo.

El inicio

Cuando tenía 11 años, la mamá de Aurora decidió pedir trabajo con las floristas del panteón para ayudar con los gastos familiares. A los 15 años inició la aventura de vender flores por su cuenta para generar más ganancias. Con el tiempo otras hermanas, primas, sobrinas y su hija, se sumaron al negocio.

Así fue que a los cinco años le asignaron a Aurora la labor de trasladar de un puesto a otro, ramos de flores para que sus papás vendieran. Con el paso del tiempo ella aprendió a trabajar con las flores, combinó sus estudios de secundaria, preparatoria y universidad rodeada de los olores y colores de las flores, hasta que montó su negocio en donde emplea a otros miembros de la familia.

La venta de las flores busca transcender a nuevas generaciones: “justo este año pensábamos invitar a mis dos sobrinas a vender flores. Tienen 10 y 11 años, ellas estaban muy emocionadas. Es un negocio muy bonito que nos une como familia. Es un legado para las generaciones que vienen detrás, toda la familia Rodríguez siempre ha vendido flores en el panteón”.

Una rutina de 28 años 

Los vendedores de flores empiezan a acarrear botes para llenarlos de flores desde el 29 de octubre, les ponen agua y dejan todo lo que se utilizará para cuando llegue la flor. 

El día 30 reciben el producto que compran de la Ciudad de México: claveles, gerberas, girasoles, violas y crisantemos. Las cortan y acomodan para que aguanten los tres días frescas, “Cada flor tiene sus respectivos cuidados”, explica Aurora.

El 31 surten la flor que se compra aquí en San Luis, es decir el cempasúchil, nube, terciopelo y flor de manita. Igual se limpia y se deja lista para que permanezca fresca. Posteriormente se empieza con la hechura de ramos.

En la madrugada del día primero montan los puestos afuera del panteón de “El Saucito”, trabajan desde las 5:30 de la mañana hasta las seis de la tarde. Regresan a casa a hacer más ramos para el día siguiente.

El día dos de noviembre empieza la venta desde las seis de la mañana, pues cuenta que hay familias que arriban desde esa hora al cementerio a visitar a sus seres queridos. “Cuando nos va bien terminamos alrededor de las cuatro y media de la tarde. Pero ha habido años en que no terminamos la flor y tenemos que ir el día tres de noviembre a panteones foráneos, como el de Mexquitic, a vender. Regresamos a casa a vaciar botes de agua, a limpiar y así es como acaba nuestro Día 

de Muertos”.

Y la epidemia llegó

A pesar del golpe económico que representa la prohibición de la visita a los cementerios durante el Día de Muertos por la pandemia de Covid-19, reconoce que para ella y su familia sólo los ha marcado unos días de venta, situación que no se compara con los seres queridos que han perdido millones de personas en todo el mundo.

Confió en que el 2021 será un año mejor no solo en cuestiones monetarias, sino en unión familiar, pues justo eso es la mayor satisfacción que le ha dejado ser florista.  “Son días de unión familiar, toda la familia por parte de mi mamá nos dedicamos a vender flores, mis tías, tíos, primas. Nos apoyamos entre todos. Mi mayor satisfacción de vender flores cada año es esa unión en la familia, todos estamos juntos, todos nos echamos ánimos. Las flores unen a los seres queridos”.