En la Plaza de Armas de esta capital, con el pretexto de sus protestas y demandas sociales contra el gobierno del estado, organizaciones de comerciantes informales “hacen su agosto” en pleno abril y ofertan diversos productos en uno de los cruces de mayor tránsito peatonal de la ciudad.
Aunque se supone que su economía es de mera subsistencia, las y los vendedores en el primer cuadro de la capital no tienen reparo en vender lo mismo dulces, aguas frescas o fruta picada, que joyería, ropa artesanal que no es precisamente barata e incluso productos con cannabidiol que no se sabe a ciencia cierta si cuentan con registro sanitario para su comercialización.
Estos comerciantes-protestantes, cuyos puestos ya suman una docena en el costado norte de la Plaza de Armas o jardín Miguel Hidalgo, se sumaron ya hace varias semanas a los vendedores que se ubican de fijo en el perímetro, como los vendedores de bebidas, los “churreros”, quienes venden nieves, charales o aguas frescas por tambo.
Las personas transeúntes, ajenas a los conflictos entre gobierno y ambulantaje, no reparan en la ilegalidad de la presencia de estos comerciantes en la Plaza de Armas y se detienen a realizar compras, aunque, por supuesto, nada de lo adquirido lleve de por medio una nota de compra u otro tipo de garantía para futuras reclamaciones.