Los grandes próceres salidos del catolicismo, deberán ser ejemplo para que los jóvenes se atrevan a construir el futuro positivo y fuerte que quieren, y por ello es necesario estudiar nuestros ancestros en la evangelización, seguir su ejemplo y entender y practicar su huella, como lo hizo fray Bartolomé de las Casas como precursor de los Derechos Humanos, advirtió el presbítero Rubén Pérez Ortiz, en su conferencia magistral ante miles de jóvenes, en el XV Congreso Nacional Juvenil Misionero
Explicó que precisamente esos misioneros, son los que han llevado de una manera pedagógica a la explicación del evangelio, pero también del lado positivo y el que lleva a la reconstrucción de la persona, a la generación y potenciación de sus rasgos positivos y a la vocación de hacer el bien.
Citó como ejemplo la mexicanización de la tradición de las posadas, la celebración de fiesta del novenario de la virgen de la expectación, ante la llegada de Jesús en la Nochebuena.
Es precisamente fray Bartolomé de las Casas quien establece una férrea defensa de los hermanos indígenas.
También cita a fray Bernardino de Sahagún, quien con su monumental obra, es considerado el padre de la antropología del nuevo mundo, al establecer el códice florentino.
Otro de los citados es fray Andrés de Olmos, autor de la primera gramática de una lengua nativa en el mundo, el arte de la lengua mexicana y la gramática del náhuatl.
Otro de ellos es fray Toribio de Benavente Motolinía, llamado por los indígenas “el que camina pobre”, y el responsable de la historia de los indios de la Nueva España.
Cita que también las misiones cumplidas y en proceso de los dominicos, los jesuitas, y los que se sumaron a la obra inicial de los franciscanos, fueron grandes hombres y personajes que defendieron la dignidad y los derechos de los indígenas.
Son precisamente ellos a quienes se atribuye el inicio de la etapa de estudio y preservación de las lenguas originarias y combatieron el abuso de los conquistadores.
Citó a dominico de Montesinos y Vasco de Quiroga, Francisco de Vitoria, Julián Garcés, Antonio de Montesinos y Alonso de la Veracruz, este último agustino y el jesuita Francisco de Clavijero, quienes no conquistaron con la espada sino con el evangelio y no convencieron con el uso de la fuerza, sino contra el testimonio de una vida sencilla, pobre y profundamente enamorada de Jesús.