Saldo negativo Los errores de la gallardía
Hoy termina la administración de Ricardo Gallardo Juárez en la alcaldía capitalina. Nominalmente, sería la primera administración de izquierda en la principal ciudad del estado.
La evaluación de sus resultados finales no es positiva. Así lo demostró el resultado de las elecciones de julio pasado, en las que el electorado que hace tres años le otorgó una sorprendente victoria, no avaló su continuidad, ahora que la reelección es posible.
Los problemas primarios de la capital quedaron sin solución: la ciudad se sigue inundando, el eslogan de sacar a la capital del bache quedó sólo en eso, el servicio de agua potable es intermitente en varias zonas, amplios sectores de la ciudad viven a oscuras por la noche y el ambulantaje no se combatió, sino que fue administrado.
Quizá el único servicio que mantuvo cierta calidad fue el de limpia, pero ese está concesionado a una empresa privada.
Financieramente, los números que se conocen no auguran buenas noticias. La deuda, pese al discurso oficial de una baja considerable, aumentó en comparación de cómo fue recibida; el manejo del presupuesto para obras estuvo lleno de irregularidades, mientras que en materia de fiscalización, la alcaldía capitalina ha sido la más observada del trienio por parte de la Auditoría Superior del Estado.
La opacidad fue la marca de la casa. La página web de la alcaldía es muestra de ello: desde junio, no se publica información financiera y, en algunos rubros, los datos tienen años sin refrescarse.
Y quizá el mayor error de la gallardía en el ayuntamiento fue el gobernar desde el encono y el enfrentamiento. El trato fue agresivo con otros poderes del estado, con la crítica y con un sector de la prensa, con la población de Tequis para arriba.
Gobernar para los pobres puede ser un propósito encomiable, pero excluir al resto de la población de los esfuerzos de gobierno es una equivocación.
Gallardo Juárez, su corriente y su partido se van de la capital sin ver eso. Pareciera que el gallardismo se creyó el discurso propagandístico que forjó estos tres años, a través de un bien aceitado mecanismo mediático que, ahora se ve, resultó inútil.
El último informe de gobierno es una muestra: discurso triunfalista, cifras alejadas de la realidad y una victimización hipócrita, que cínicamente atribuyó a los que la gallardía consideró sus enemigos las acciones hostiles que este movimiento realizaba.
El gallardismo soñaba que este día consolidaría su posición política para el 2021 repitiendo en la alcaldía capitalina y en Soledad, y estrenándose en otras más; con una posición envidiable en el Congreso local y en legislatu-
ras federales.
La realidad los enfrenta ahora a un área de influencia restringida a Soledad y a la diputación federal de Ricardo Gallardo Jr. y a la senaduría de Leonor Noyola.
Desde ahí, esta corriente lamerá sus heridas y buscará recuperar el terreno perdido. La derrota contundente no hizo mella en su confianza de hacerlo. Pero en buena medida, ese exceso de confianza fue lo que propició la derrota de 2018.
¡HASTA MAÑANA!