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El Consejo Directivo Universitario entregó a Raúl Camacho Muñoz el título de profesor emérito como integrante de la planta docente de la Facultad de Ciencias de la Comunicación.
Dijo que se siente profundamente orgulloso de sus egresados que han destacado en los diversos campos de la comunicación.
Camacho Muñoz desempeñó cargos de profesor de diversas asignaturas principalmente enfocadas a la ciencia política y a la comunicación política, a los aspectos legales de los procesos de comunicación masiva y la filosofía.
Además fue director fundador de la entonces Coordinación de Ciencias de la Comunicación y estuvo a cargo del proceso de asignación de un inmueble definitivo para la ahora Facultad, luego de compartir instalaciones con otras carreras en el edificio de la Antigua Caja Real y en aulas del Centro de Idiomas de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí.
DISCURSO ÍNTEGRO DE RAÚL CAMACHO MUÑOZ
Maestro en Arquitectura Manuel Fermín del Villar Rubio
Rector de nuestra máxima casa de estudios.
Honorables integrantes del consejo directivo Universitario
Estimados Maestros, alumnos y ex alumnos de la Facultad de Ciencias de la Comunicación
Apreciables amigos
Querida Familia.
“Creo en la universidad. La universidad une, no separa. Conoce y reconoce, no ignora ni olvida. En ella se dan cita no sólo lo que ha sobrevivido, sino lo que está vivo o por nacer en la cultura. En la universidad, todos tenemos razón pero nadie tiene razón a la fuerza y nadie tiene la fuerza de una razón única”.
Carlos Fuentes.
Tres apasionadas razones han construido mi existencia: política, comunicación y universidad. En ese orden aparecieron en mi vida, luego se fundieron en un solo impulso de significado y dirección.
Por política entiendo la máxima expresión de la capacidad organizativa de los seres humanos. Política como el oficio de reunir a los distintos en la búsqueda inteligente de zonas neutrales, donde afloren puntos de acuerdo, surjan coincidencias y se diseñen consensos. Donde surja la pasión de servir para saber que vivir ha servido para algo.
Concibo la comunicación como el oficio ético y estético de producir sentido. Comunicación como espacio, territorio simbólico de interacción y creación; comunicación como principio integrador de lo disperso, aquello que tiene unido al mundo. Comunicación como el más valioso capital cultural por los afanes constructivos de sus procesos vinculantes; sí, vincular es el imperativo de la comunicación y del conocimiento complejo.
Creo en ese espacio-tiempo que parece ser hoy el último reducto de una revolución cultural por venir: la universidad. Por ella vine hasta aquí, se convirtió en mi madre y me esculpió con las delicadas herramientas del saber, del saber hacer y del poder ser. Universidad: sitio de toda rebeldía, venero de libertades, vector de crítica, espejo de lo bello, de lo bueno, de lo verdadero.
Mis compañeros maestros de la escuela y ahora facultad de comunicación me enseñaron que no soy, sino que como todos, estoy siendo, por ello, no emplearé este espacio y este tiempo para actos de contrición o de elogio. El reconocimiento que este día me otorga mi universidad no me hace mejor que nadie ni me coloca en el centro de nada. Eso sí: me obliga a profesar. Profesar, es comprometerse declarándose, brindándose, hacer diciendo, decir haciendo; sólo entonces, ésta intervención será capaz de producir el acontecimiento del que habla.
Por ello, pienso que la política ha perdido en su horizonte histórico los faros de la sensibilidad y la imaginación… que han naufragado víctima de la tempestad de la codicia y de la usura… que a su nave han ascendido filibusteros y no capitanes, voraces e insaciables como el individualismo atroz que destruye el sentido exacto de lo político.
Siento que la comunicación se transforma en espectáculo; que las seductoras nuevas tecnologías y sus redes se tornan en mercados donde se subasta el sí mismo; que la información dejó de ser referente de sentido para convertirse en moneda de cambio; que no vivimos (como dice Edgar Morán) en la sociedad del conocimiento, sino en las sociedades de los saberes dispersos.
Pienso, siento y digo que la universidad pública; la Universidad, no debe sucumbir ante el canto de las sirenas del mercado
y del consumo; que antes de escribir en su ideario la palabra “calidad”, comprenda que el único indicador justo y serio de su desempeño es el bienestar de la sociedad: ¿quién certificará nuestro éxito, en un país con casi la mitad de sus habitantes viviendo en la pobreza? Creo y me manifiesto, por una transformación auténtica, que nuestro compromiso histórico como universidad es
– como lo dijera aquí mismo Carlos Monsiváis – movilizar conciencias, mentalidades; detonar inconformidades; depurar sensibilidades y nutrir apetitos de futuro.
En el rigor de la edad se fortalece, o más bien se recrudece, diría yo, mi condición de docente, diré: Soy y fui feliz, de algún modo, ya que siempre que tuve frente a mí a mis alumnas y alumnos, soportando mis anécdotas, mis frases inverosímiles, mis discursos de leyenda.
Siempre les diré, nada es cierto, duden, y sin embargo, todo cuanto de mí escucharon y vieron no fue sino esa necia e intransigente realidad que soy, que estoy siendo, que siempre quiero ser. No olviden, queridos estudiantes, lo que nos enseñó Machado: que todo lo que sabemos lo sabemos entre todos; por eso, ustedes están hoy aquí, conmigo, como protagonistas indiscutibles de esta ceremonia.
En estos tiempos líquidos me quiero atrever a plantear algunos temas de conversación en una clase imaginaria respetuosamente ante ustedes: ¿Y si el sentido de la vida no estuviese en los fines perseguidos sino en la aventura misma de vivir la experiencia del sinsentido? ¿Qué nuevo modelo educativo necesitamos para aspirar a un mundo comunicable, comunicante y comunicado?
¿Qué nos impide entender que la política se inventó para evitar la violencia? ¿Podría la universidad concluir que es ella la que ha de marcarle el rumbo a la sociedad y no al contrario? ¿Y si la universidad determinara que más allá de la competencia lingüística en el inglés y las habilidades en el manejo de herramientas computacionales, deberíamos aspirar como comunidad a hacer que todos nuestros egresados fueran buenos seres humanos y buenos comunicadores? ¿Sería posible una formación integral universitaria en la ética política comunicativa y comunicación para la acción?
Hablo de comunicación y política como ejes constructivos en tanto elementos configuradores de un nuevo sistema de pensamiento, que haga de nuestro esencial sustrato narrativo un principio organizador de complejidades a partir de una apuesta básica: la del uno en el otro.
Imagino, a un ingeniero sociopolítico en comunicación que se pregunta: ¿qué debo hacer para que la gente se reúna, se organice y haga cosas en beneficio de otra gente?
Vislumbro a un profesional capaz de aplicar principios científicos y técnicos al diseño y construcción de formas de asociación o comunidades de grupos organizados.
Percibo una arquitectura social para el trazado de la estructura y las configuraciones donde se escenifican las relaciones intersubjetivas, donde se conciba e instrumenten los espacios, los tiempos y los procedimientos del comportamiento de la sociedad; que crea formas de asociación, de seguimiento, de interacción, de vinculación, de contacto, en suma: de comunicación…..Cuando
… tantos mexicanos han perdido la capacidad de significar la vida, ahora que la narco y necro política nos organiza en torno al miedo, estamos obligados ¡universitarios! a redactar las utopías que alimenten mundos posibles.
Cuando una sociedad se corrompe, dice Octavio Paz, lo primero que se pudre es el lenguaje. Le pregunto a mi universidad, a mis colegas profesores, a nuestros estudiantes: ¿cuál es nuestro lenguaje?, ¿es distinto a los demás?, ¿es original e inspirador?, ¿a dónde nos invita y conduce?..... Díganme: en las sociedades sin relato de las que habla García Canclini, ¿la universidad está ejerciendo un relato propio, libre, autónomo e independiente? Cuidado: quien nombra la realidad es quien la domina, y me temo que el idioma del éxito, el triunfo, la calidad y la posesión se está imponiendo en la disputa por la hegemonía de las expresiones.
Comunidad universitaria, hago patente el respeto que me merece este escenario y quien lo ocupa, confieso mi emoción y, otra vez, profeso: hasta el último día de mi vida trataré de honrar este reconocimiento, sin olvidar jamás que fui, que soy y seguiré siendo un profesor de la Benemérita Universidad Autónoma de San Luis Potosí: ¡Siempre Autónoma. Por mi Patria Educaré!
M.E. Raúl Camacho Muñoz
Verano de 2018
San Luis Potosí, México