Don Norberto Iwadare y don Jacobo Payán Latuff se convirtieron en una escuela de emprendimiento, porque ambos fueron exitosos y dejaron un legado para las siguientes generaciones, como suele suceder cuando las empresas pasan de generación en generación, aseguraron descendientes de ambos empresarios, luego de develar la placa conmemorativa del 50 aniversario de la primera coinversión de ambos en la industria restaurantera.
Marcela Payán Espinosa, hija de Don Jacobo Payán Latuff, dijo que él les dejó a ella y su familia el legado del trabajo y sobre todo el hecho de que fue un hombre visionario.
Cuenta la leyenda que apenas se sentaba en una mesa y ya estaba cerrando un negocio. Dijo que también les deja el altruismo porque siempre pensó en ayudar a la gente y que él fue un hombre que contribuyó a la ciudad, y técnicamente su oficina era el propio restaurante. Se llevaba bien con el bolero, con el vendedor de billetes de lotería, con el empresario con las autoridades.
Por su parte, Midori Barral Iwadare, explica que de su abuelo, Beto Iwadare, admira el emprendimiento y que siempre propició condiciones para la unidad familiar y el trabajo, la constancia y la honestidad.
Don Beto dejó como legado varios restaurantes y torterías.