Vendedores informales de ropa invernal, aprovechando el clima, elevaron los precios de sus prendas en más del 50%, por lo que su mercancía se vende “como si fuera de boutique” y prácticamente sin pagar impuestos.
Piezas como una bufanda que a principio de temporada se vendía en 60 pesos, ahora cuestan entre 90 y 120 pesos en los numerosos puestos que han llenado los cruceros y plazas públicas de la capital potosina.
Guantes de tela para niños que se vendían en 25 pesos el par, ahora cuestan 50 pesos o más, lo mismo que los gorros con orejeras y forro de “borrego”, que ya se venden en 100 pesos o más cuando hace dos semanas se conseguían a la mitad de ese costo.
La mayoría de los puestos movibles que se ven en las calles, sobre todo en el Centro Histórico, son operados por vendedores procedentes del Estado de México, Puebla y Michoacán, los cuales solo pagan un permiso temporal pero no generan empleo para potosinos.
Otros puestos sí son operados por organizaciones locales de comerciantes informales, pero en ambos casos los vendedores ofertan sus prendas a precios de local establecido, como si se tratara de una boutique dentro de una plaza comercial.
Cabe agregar que a diferencia de la ropa invernal que se vende en comercios formales, en los puestos ambulantes no existe garantía de ninguna clase para el comprador.