Los vemos en bares, concursos, eventos, viajando, viviendo de una pasión que surgió a edad temprana, sin embargo, los músicos tuvieron que luchar contra prejuicios sobre lo que conllevaba el dedicarse a la música; el que “no sea un trabajo estable, con futuro o que sea mal pagado”.
Israel Ramírez –baterista- defiende a las personas que, como él, se sustentan sólo de esta profesión, “depende de la preparación y compromiso que tengas con tu profesión. Muchas personas piensan que si te dedicas a esto te vas a morir de hambre, no es verdad, ocurre en cualquier profesión, si eres un mal médico, un mal ingeniero, un mal maestro, también te puedes morir de hambre”.
En su caso, escogió tener otros estudios, debido a las preocupaciones de su familia ante los criterios antes mencionados. Ahora, trabajando en la UASLP, afirma que debido a su carrera encontró las herramientas para dedicarse a la música.
El apoyo de la familia, aunque no necesariamente define el éxito que se va a obtener, sí facilita el camino que estos músicos han recorrido y el que desean alcanzar. Mencionan que el gusto por la música lo han tenido desde que pueden recordar.
Como compositores, admiten que representa una dificultad presentar trabajo propio en comparación de hacer covers, “tocar música original te da esa libertad creativa”, dice Israel.
Said Moreno -dj, compositor y productor-, da una alternativa para aquellos que no quieran realizar un trabajo fuera del área: “es un trabajo redituable si te dedicas a otra cosa más que a presentar tu música, por ejemplo yo doy cursos. ”
“La primera vez que recibí dinero por mi música tenía 16 años, ahí me di cuenta de que la frase uno no trabaja cuando hace lo que le gusta no era tan imposible como pensaba”, dice Leo Meléndez –cantante y compositor- sobre cómo empezó su carrera musical; la edad resulta la media entre la mayoría de los músicos sobre sus primeras presentaciones con paga.
Algunos de los bares donde reciben propuestas originales son: Rockabilly, loud, vintage, Bukowski, Siete Barrios, Bóvedas, Patio Carranza, Oveja Negra, Gozosa, El Fabuloso Tacubaya, Válgame Dios, Yucca, e incluso Road House.
Alexei Quijano –cantante y guitarrista- menciona el proceso para que le permitieran presentarse en los bares, nombrando ejemplos de artistas conocidos con los que se sentía identificado, o mandando los demos que ha grabado con anterioridad.
“Con el paso del tiempo, los mismos dueños o encargados de estos bares te comienzan a ubicar más, ya saben que es lo que tocas, y te acomodan en eventos con bandas que son del estilo”, comenta Israel.
Aunque muchos tienen trabajos aparte, su mayoría lo hacen para mantener y sostener su vida como músicos, buscando que esta sea su única profesión al final. Aunque Alexei afirma que encontró el balance perfecto entre sus dos pasiones: “además de la música, me gustan mucho las ciencias, y encontré una segunda vocación en la medicina, podría decirse”.
Todos demuestran el deseo por convertirse en artistas de gran notoriedad, y a pesar de que ya han conseguido reconocimiento internacional, buscan expandir sus proyectos con una base de marketing sólida que los lleve finalmente a cumplir su sueño.