Aunque la disposición de la Arquidiócesis era distinta, templos católicos del centro de la ciudad y diversos puntos de la capital abrieron sus puertas para recibir a quienes acuden en la visita a los siete altares.
A diferencia del año pasado, esta vez no aparecieron desde temprana hora los comerciantes de insumos para bendecir, pero se notó una presencia discreta de productos tales como la manzanilla y el pan.
Sin embargo, por la mañana se percibió escasa afluencia de feligreses y muy pocas ventas de impresos de las oraciones de visita.
En los templos, feligreses de apoyo llevaban un bote de gel antibacterial para aplicar a cada uno de los fieles que acuden a la tradicional oración.
A los templos acuden con más frecuencia personas mayores y uno que otro turista que se animó a visitar San Luis Potosí.
La afluencia de personas motivó a los responsables de la Catedral, a abrir el inmueble, aún con sus bancas acomodadas como se encontraban en la misa de vísperas celebrada con 250 sacerdotes.
Por igual abrieron sus puertas además la Tercera Orden, el Sagrado Corazón, el Espíritu Santo, San Juan de Dios, La Compañía, La Capilla de Loreto, San Francisco y San Agustín.
En algunos templos habilitaron puertas de entrada y salida para resolver problemas de distanciamiento ntre feligreses.
No hubo presencia de comerciantes ambulantes de alimentos preparados, pan o manzanilla y únicamente vendedores de las oracions impresas.
El Centro Histórico capitalino lució sucio, con falta de mantenimiento a pisos y por ejemplo en las banquetas de la calle Álvaro Obregón y los alrededores de la Plaza de los Fundadores, la ausencia del personal de limpieza.