Abrazar el compromiso de dar alimento diario a las personas migrantes no es tarea fácil, pero a través del apostolado en nombre de la Virgen del Rosario, personas voluntarias han hallado la forma de expresar su amor y dar esperanza a quienes enfrentan la adversidad y un futuro incierto en su viaje al norte del país.
Claudia Martínez y su esposo comenzaron hace un año y medio con ese apostolado, con apoyo de más personas voluntarias de los grupos Pastoral San Pablo, El Señor de la Misericordia y Rosario San Pablo, quienes dan servicio los miércoles y viernes en el albergue del Hospital Central.
Además, se comprometieron a ir todos los días a la Casa del Migrante a dar de comer a las personas en tránsito.
“Aquí hay hambre en niñas, niños, adolescentes, mujeres y hombres. Preparamos comida para 400 personas. Hoy les trajimos atole de coco y pan dulce. No gastamos en desechables. Pedimos, primero que nada, la oración para que nuestro apostolado dure por mucho tiempo”, dijo Claudia en entrevista.
Una figura de la Virgen del Rosario preside la mesa en donde se regalan los alimentos a la gente migrante. En ella, algunas personas depositan monedas o billetes para corresponder al apoyo de Claudia y sus compañeros.
“Gracias a Dios, más personas se están acercando a nosotros para ayudar, todos pueden apoyar monetariamente, en especie o brindar tiempo. También nos pueden donar fruta, pan, comida, pero principalmente, pedimos que nos ayuden con la oración”, agrega ella.