Difícil de abordar por la complejidad para darle una explicación en concreto, el suicidio es un problema de salud pública que de 2010 a 2017 provocó la pérdida de la vida de mil 353 potosinos, el 83.51 por ciento eran varones.
En la conmemoración del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, hoy 10 de septiembre, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), remarca que dicha problemática constituye una tragedia tanto para las familias como para la sociedad.
“Puede ser prevenible, de ahí que los esfuerzos en este tema estén dirigidos a identificar personas en riesgo y a mejorar la salud mental de la población, como ha quedado establecido en el Programa de acción para superar la brecha en salud mental, de la OMS en 2008”, cita.
De menos a más.
En San Luis Potosí, el problema ha mantenido un comportamiento de fallecimientos de más de 100 casos por año, pero que de forma sustancial cada día va en aumento.
Según datos del Inegi, de 2010 a 2017 un total de mil 353 habitantes de San Luis Potosí se suicidaron, mil 130 eran hombres y 223 mujeres, es decir, el 83.51 por ciento de los fallecidos son varones.
De acuerdo con la base estadística: en 2010 el estado totalizó 164, 131 hombres y 33 mujeres; 2011 un total de 159, 132 varones y 27 mujeres; 2012 un total de 158, 133 hombres y 25 mujeres; y 2013 un total de 157, 141 hombres y 16 mujeres.
Asimismo, en 2014 un total de 173, 142 varones y 31 mujeres; 2015 un total de 164, 139 hombres y 25 mujeres; en 2016 fueron 179 casos, 147 hombres y 32 mujeres; y en 2017 un total de 199 fallecidos, 165 hombres 34 mujeres.
Método empleado.
Refirió que, en 2017 por cada 100 atentados contra la vida en el estado, 77 se llevaron a cabo en una vivienda particular, siendo en el 80.3 por ciento de los sucesos el ahorcamiento, estrangulamiento o sofocación el principal método empleado.
Alertó que, mientras a nivel nacional en dicho año del total de suicidios el 41 por ciento eran personas entre 15 a 29 años de edad, en San Luis Potosí el porcentaje fue de 44.7 por ciento en ese grupo etario.
Las cifras del organismo estadístico revelaron que hasta 2017, la entidad potosina registra una tasa estandarizada de 6.9 suicidios por cada 100 mil habitantes, dato superior al nacional establecido en 5.2 casos por dicha cantidad de residentes.
Adujo que el comportamiento suicida es un “problema epidemiológico-social que está ligado a una serie de agentes sociodemográficos, socioambientales, psicológicos y biológicos que predisponen al individuo, acelerando su realización, unos con más fuerza que otros”.
Ubicó que las características de las personas fallecidas por suicidio en el país hasta el citado año fueron las siguientes: el 65.5% se identificó que trabajaban y 29.9% no lo hacían; 33.2% tenían secundaria completa o algún grado cursado en este nivel; 30.2%, primaria, con algún grado o completa; 17.9% con algún grado de bachillerato o preparatoria; 8.1% profesional; y 4.7% sin escolaridad.
Convergen aspectos
multifactoriales
Esperanza Alonso Castañón, catedrática e investigadora de la Facultad de Psicología de la UASLP, argumenta que el suicidio es algo muy complejo relacionado con varias situaciones de contexto y en lo individual.
“Recientemente una está más presente, porque hay más información con mucha facilidad para gente que está sintiéndose muy mal, y que asume que la única salida que puede haber, es quitarse la vida; y pues es más sencillo encontrar las maneras de quitarse la vida que encontrar la manera de volver a sentirse capaces de vivir esa vida que es complicada”.
De acuerdo con la psicóloga, existen factores de riesgo, tales como: perspectivas limitadas desde la infancia, es decir, la cultura o contexto familiar; contexto social cerrado; y para algunas visiones, las personas con tendencia a la depresión, pero también puede ser síntoma de otra cosa.
Valora que la incidencia de suicidio se presenta principalmente en varones, porque la cultura mexicana- potosina está acostumbrada a que el hombre no tenga más opciones, y siempre escape por una vía agresiva, a diferencia de las mujeres que “se les permite” expresar su sentir acudiendo a platicar con sus amigas o con el psicólogo.
“Hay muchos prejuicios, que es la puerta fácil, que la gente es ignorante y tonta, lo cual no es cierto. La gente que se suicida no es tonta, al contrario. También se cree que las personas enfermas mentales van a llegar a ese resultado, y no. No necesariamente hay una patología, a veces es una situación que nos desborda, con la que no contemplábamos que teníamos que lidiar”, concluye.