Desde hace más de 50 años, Ramón Gallardo se ha dedicado a la elaboración de productos artesanales. Inició como empleado en distintos talleres y, un tiempo después, emprendió su propio camino como trabajador independiente.
En el "Día del Artesano", celebrado este 19 de marzo en México, compartió su historia y recordó sus inicios en este oficio que, aseguró, le ha dejado grandes satisfacciones.
Relató que su primer empleo fue en un taller dedicado a la fabricación de sillas para montar caballo. En aquella época, dijo, las condiciones económicas eran complicadas, por lo que buscaba salir adelante combinando el estudio con el trabajo.
"Me acerqué y me dieron trabajo de inmediato, porque recuerdo que tenían que entregar un tráiler lleno de sillas de montar", comentó.
Trayectoria y experiencia de Ramón Gallardo en la talabartería
Con el paso del tiempo, fue adquiriendo experiencia y escalando en distintos talleres, incluyendo algunos donde se curtía el cuero. Sin embargo, en busca de mejores ingresos, también incursionó en otros empleos, como operador de montacargas en la zona industrial y posteriormente en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, donde logró mejorar su calidad de vida.
A pesar de ello, nunca dejó la elaboración artesanal, actividad que además de representar un ingreso extra, se convirtió en un gusto personal. Con el tiempo, decidió dedicarse de lleno a la talabartería desde su domicilio, ubicado en la avenida de las Estaciones 415, en la colonia Fidel Velázquez.
Cinturones, carteras, llaveros, mochilas y portafolios forman parte de los productos que elabora, cada uno con un sello distintivo que le ha permitido abrirse camino incluso en estados de la frontera del país. Desde Ciudad Juárez hasta Tampico, ha consolidado una cartera de clientes, en su mayoría gracias a la recomendación de boca en boca, así como a su presencia en mercados locales.
"Así vinieron a buscarme clientes. Yo trabajando, diseñando y haciendo lo que me gusta, que es la talabartería, fue como me establecí", expresó.
Explicó que, aunque existen equipos más sofisticados para trabajar ciertos tipos de piel, propios de la marroquinería, el uso de estas máquinas resta el carácter artesanal a los productos. Por ello, destacó que las herramientas que utiliza no entran en esa categoría, manteniendo así la esencia tradicional y artesanal de su trabajo.
Subrayó que, aunque aprendió el oficio en sus primeros empleos, con el tiempo desarrolló sus propios diseños, mismos que identifica con su insignia y que han sido bien recibidos por sus clientes.
Entre su clientela destacan personas aficionadas a los caballos, así como algunos extranjeros, por lo que ha buscado posicionar sus productos en hoteles boutique para ampliar su alcance.
Actualmente, el precio de sus artículos varía desde los 30 pesos por un llavero, hasta los 700 pesos por un cinturón, incrementando en el caso de piezas con características especiales o personalizadas.
Don Ramón Gallardo en su taller
Impacto de las políticas estatales en la promoción artesanal
Sobre si considera que actualmente el negocio es redituable, afirmó que en su caso sí lo es, ya que en estos años ha podido darse a conocer y hacerse de clientes, como en cualquier otro negocio con temporadas de mayor venta y algunas con menos.
Lamentó que en el anterior sexenio, el Gobierno estatal haya cerrado lo que se conocía como la casa de las artesanías, una oficina en la cual los artesanos podían dar a conocer parte de sus productos y que posteriormente se cambió de lugar hacia el centro histórico, lo que en lugar de favorecer, afectó.
"No funcionó, nos cerraron las puertas; ahí nos encargaban de todo lo que uno diseñaba, lo promovían, pero cambiaron la oficina y ya no funcionó".