Entre música, baile y convivencia, decenas de personas se reúnen cada jueves y domingo en el jardín del barrio de Tlaxcala, un espacio que durante años ha sido escenario del nacimiento de amistades, noviazgos e incluso matrimonios. Este emblemático lugar se ha consolidado como uno de los principales puntos de encuentro para los amantes de distintos géneros musicales, especialmente de la
música sonidera.
Desde las cinco de la tarde comienzan a llegar las primeras parejas. Se trata principalmente de adultos mayores que son los encargados de abrir la pista con danzón, un género característico entre este sector de la población y que, aunque pareciera sencillo, requiere técnica y experiencia
para dominarlo.
Entre ellos se encuentra Leonor Lara Ramírez, quien a sus 75 años disfruta compartir su pasión por el baile. Entre risas, se describe como “una viejita alivianada” capaz de bailar desde danzón hasta reggaetón. Asegura que bailar no solo le ayuda a liberar el estrés, sino también a olvidarse de las penas.
Leonor recuerda que en ese mismo jardín conoció a su esposo, quien falleció hace 25 años. Sin embargo, afirma sentirse plena y con la ilusión de encontrar nuevamente una pareja que comparta su alegría y energía por el baile.
“Si sé o no sé bailar, no me interesa; yo vengo a divertirme y a sacar mis emociones. De hecho aquí aprendí a bailar country”, comentó.
Además del danzón, durante las jornadas musicales también se escuchan mambo, música disco y cumbia.
Esta última, al caer la noche, reúne a la mayor cantidad de parejas de todas las edades, quienes comparten en un mismo espacio el gusto por el baile.
Irma y Pablo son parte de los asistentes frecuentes. Son conocidos entre los presentes como “los arrabaleros del mambo, danzón y cumbia”. Para ellos, acudir al jardín representa una forma de liberación y esparcimiento, ya que durante varias horas dejan atrás el estrés del trabajo y las preocupaciones del hogar.
“El baile es vida, te renueva, te da alegría”, expresó Irma.
La pareja considera que estos encuentros fomentan una convivencia sana entre personas de distintas generaciones, además de convertirse en un espacio para superar momentos difíciles y conocer nuevas amistades. Su gusto por el baile también los ha distinguido por la vestimenta que utilizan en cada presentación.
Son de los primeros en abrir pista y de los últimos en retirarse, compartiendo esta pasión desde hace más de siete años.
Los asistentes incluso celebran los cumpleaños de una manera muy particular: a través del baile. Como si se tratara de un vals tradicional, hombres y mujeres de todas las edades pasan al centro de la pista para rendir homenaje al festejado, mientras sus pasos y movimientos llenan de vida y brillo a lo que ahora nombran Tlaxcalita bella.
De las modestas bocinas de los setenta a los grandes llenos del movimiento sonidero
Pero detrás del movimiento sonidero en San Luis Potosí existe también una historia marcada por el legado familiar, cuyo impulsor fue Mario Quistían Hernández, conocido como “El Papaíto”, fundador del reconocido sonido “Kiss Sound”, considerado uno de los pioneros de este movimiento en la entidad.
A sus 82 años, recordó que sus primeros pasos en el ambiente sonidero comenzaron en la década de 1970 en la Junta de Mejoras del barrio de Tlaxcala, cuando junto a otros compañeros acudía a reuniones y fiestas llevando música con equipo modesto.
“En ese tiempo cargábamos pequeñas bocinas y tocábamos en casas y fiestas sociales”, relató.
Explicó que el nombre de “Kiss” surgió como referencia a su apellido Quistian y con el paso de los años el proyecto logró consolidarse como uno de los sonidos más reconocidos en San Luis Potosí, trascendiendo incluso a nuevas generaciones.
“Fue algo muy beneficioso para mi familia y para mí, porque gracias a esto pudimos salir adelante”, expresó.
Don Mario recordó que durante muchos años el trabajo sonidero no generaba grandes ingresos económicos, pues en ocasiones debían cooperar entre compañeros para cubrir gastos de transporte y mantenimiento del equipo.
Sin embargo, señaló que a partir del año 2000 el movimiento comenzó a crecer considerablemente, logrando llenar espacios importantes como el Salón Río y el Salón Chicago, donde llegaron a congregarse miles de personas.
Asimismo, destacó que el gusto por la música permanece vigente dentro de su familia, ya que varios de sus hijos continúan dedicándose al ambiente sonidero, algunos incluso representando al sonido en Estados Unidos.
Durante la entrevista también recordó a su hijo, Juan Manuel Quistian, conocido como el “Rey del Wepa”, cuyo fallecimiento en octubre del año 2021 dejó una profunda huella entre quienes seguían este género musical. Incluso fue homenajeado en este barrio con una estatua en su honor en octubre de 2023.
Pese al paso de los años y los cambios generacionales, Don Mario aseguró que la esencia del movimiento sonidero continúa intacta, pues su principal objetivo sigue siendo ofrecer espacios de convivencia sana para las familias.
“Es un gran compromiso con la sociedad, porque lo importante es que no haya pleitos y que todo termine con saldo blanco”, señaló.
Actualmente continúa realizando presentaciones principalmente en el barrio de Tlaxcala y distintas colonias de la capital potosina. Aunque en algunos eventos reciben apoyo para cubrir gastos básicos, también solicitan cooperación voluntaria para solventar el traslado y mantenimiento del equipo de sonido.
Resaltó que el movimiento sonidero representa mucho más que música y baile: es un espacio de convivencia social y familiar donde distintas generaciones han encontrado durante décadas una forma de compartir alegría, identidad y comunidad.
En medio de un ambiente festivo, quienes se encargan de amenizar el lugar combinan distintas mezclas musicales y envían saludos a cada una de las personas que lo solicitan, convirtiendo el sitio en un espacio de convivencia y fraternidad.
Aunque muchas personas acuden para salir a la pista y bailar, también hay quienes prefieren únicamente disfrutar del ambiente, observar a las parejas bailar y convivir mientras la música sonidera llena el jardín.