La gráfica, el rotulado, los murales, el grafiti y las ganas de generar espacios para las mujeres en esta práctica, dio paso al proyecto Bravas.
María “Sugar” Carlock, menciona que el proyecto, apoyado por el Instituto de las Mujeres del Estado (Imes), surge de la necesidad de encontrar espacios seguros para mujeres que pintan, crear comunidad, compartir conocimientos y tomar el espacio, que parece exclusivamente masculino, señaló.
“Tomamos el espacio de manera política para apropiarnos y decir que aquí también estamos las mujeres”, subraya.
BRAVAS
María aclara que el nombre no hace referencia al enojo, “no es bravas porque estamos enojadas, sino que viene a raíz de ser valientes y tomar el espacio (…) es la calle, mayormente usada por hombres y así el arte urbano”.
Pero en el proceso de aprendizaje y desarrollo del mural, lo más importante es la huella que deja en la comunidad. Mientras se bosqueja la pared y se combina el aerosol, la gente pasa y observa.
“Al final la misma comunidad es la que cuida a los muros”, aunque apunta la activista firmemente que “la calle es efímera”.
APROPIARSE DEL ESPACIO
Para el desarrollo de este proyecto, se pintaron cuatro murales, sus ubicaciones fueron elegidas fuera del centro de la ciudad, en Soledad de Graciano Sánchez, y en la capital, en las colonias Satélite, B. Amaya y la avenida Manuel Jose Othón.
Los sitios fueron elegidos estratégicamente por ser zonas en donde más ocurren incidentes de violencia en contra de las mujeres.
Janín Garcín, otra de las coordinadoras del proyecto mencionó que primero se llevó a cabo una convocatoria en la que se seleccionaron mujeres con intereses afines a la ilustración, el rotulado, la pintura, luego se llevó a cabo una fase de talleres y al final la ejecución de los muros desarrollados durante los talleres, cada muro tiene una tallerisra y cinco mujeres ejecutantes.
María Carlock, confiesa que de este ejercicio conoció experiencias como la suya, al momento de querer incursionar en el graffiti, el miedo a utilizar el espacio del que se apropiaban en su mayo-
ría hombres.
“Te hacen decir: mejor no me arriesgo… o estas cosas que a la hora de que empiezas a conocer a más mujeres, que tienen este gusto en común, empezar a crear la comunidad fue muy chido”.
Janín por su parte confiesa “me había tocado estar en festivales donde había 150 hombres participando y solo 3 mujeres (…) y nos parecía muy violentos estos espacios de arte urbano. Fue una reflexión de si no nos invitan hay que hacer nuestros espacios, compartir las cosas que hemos aprendido y que nos ha costado tanto y que estas morritas no pasen por este camino tan empedrado que nos tocó”.
La expectativa es replicar el ejercicio a través de otras convocatorias oficiales.