Vio SL una procesión larga y en santa paz

Por segunda ocasión, dos cirineos y dos cofradías de Tlaxcala participaron en la Procesión del Silencio. Esta vez, ambas tuvieron permitido salir por la puerta principal y procesionar “en paz”. La Cofradía quedó dividida en 2024 por la elección de un nuevo coordinador y el anterior organizó su propio grupo, aunque menos numeroso.

El buen comportamiento de los visitantes y los potosinos que escogieron su silla o permanecieron de pie, los llevó a presenciar una de las procesiones del Silencio más largas de la historia.

Andas, mandas y cismas dieron a la noche la fe del encuentro de tiempos y culturas, para dos horas y 47 minutos de salida de cofradías, que a punto estuvo de provocar la llegada de los charros y rejoneadores justo al punto donde aún no salían la Guardia de Honor y los Costaleros.

De hecho, estos últimos apenas salían del Templo del Carmen cuando la Guardia Municipal de la Capital, ya había abierto una valla para permitir la entrada de quienes completaron toda la procesión. Los charros y rejoneadores tuvieron que parar la Procesión por unos minutos para que salieran Guardia y costaleros detrás de la Virgen de la Soledad, la emblemática de la Procesión que esta vez llevaba como encapuchado en el centro al torero Fermín Rivera, quién portaba el hábito que estrenó su abuelo también llamado Fermín Rivera y también torero, en 1965. Los organizadores respiraron aliviados cuando detrás de los costaleros, con una cuerda como “barredora”, dos jovencitas de la centenaria Scouts de México, marcaban el fin de la salida de los grupos. 

Había tantos procesionando, que en cada cofradía se notaba un número mayor, y probablemente los testimonios de Andrés Lecuanda por un lado y Reina Guadalupe Urías por otro, lo confirmen. Era evidente que llegaron más participantes. 

Hasta se asomaron nuevos actores, como ocurrió con la participación por vez primera del gobernador Ricardo Gallardo Cardona y su esposa Ruth González Silva, ambos vestidos con los trajes de luto, como se ve también cada año con el alcalde de la capital Enrique Galindo y su esposa Esthela Arriaga.

Esta vez se rompió con las filas de tres en fondo. Había cuatro en fondo y aún así mucha gente. 

Los olores de los vegetales nocturna se distrajeron por horas con el incienso de las cofradías que una a una salían de manera pausada, como un contraste con los olores a los alimentos preparados y a las aguas frescas de la Alameda Juan Sarabia. 

En ese tiempo, los cofrades hacían un esfuerzo sobrehumano por cargar imágenes que en ocasiones pesan toneladas de madera y figuras de arte sacro hechas a base de cera u otros materiales, como la manifestación física del sacrificio por la crucifixión. 

Fue así como la procesión se vistió de color y los visitantes la contemplaron por casi 3 horas, que incluyeron ese conflicto interno de cofradías en Tlaxcala, materializado en las calles de piso de adoquín de ojo de víbora, sangre de pichón y de cantera, con dos grupos del mismo lugar en la procesión con igual número de cirineos, lo que demostró la complejidad de la organización humana, demostrada en una de las cofradías emblemáticas de la ciudad. 

Fue una división que no demostraron los gobernantes del estado y la ciudad, al menos en el evento, mostrando una cara de unidad ante la máxima tradición de San Luis Potosí y del país de la Semana Santa.

Aún así, los potosinos mostraron en silencio la resiliencia y la capacidad de ponerse de acuerdo, para procesionar callados y hacer la diferencia con el trabajo de las estaciones de las múltiples procesiones de Sevilla.

La procesión que se ha construido de 1954 a 2019, llenó las calles de San Luis Potosí con sus miles de integrantes que una vez más cumplieron con el duelo por la crucifixión de Jesús.

A diferencia de años anteriores, esto es por primera ocasión el gobernador Ricardo Gallardo Cardona participó en la comisión de cortesía de inicio de la Procesión del Silencio.

También por primera vez, la comisión de cortesía mandó por delante de manera equitativa al gobernador y su esposa Ruth González Silva y al presidente municipal Enrique Galindo Ceballos y su esposa Estela Arriaga Márquez. 

Sin contratiempos, los heraldos y charros y rejoneadores, acompañados de soldados romanos, tocaron la puerta para la apertura de la procesión.