Si bien adujo que es difícil de establecer una estadística, Elizabeth Rapp Saint Martín, presidenta de Otra Oportunidad A.C., informó que durante la pandemia de la Covid-19, en las atenciones en el refugio para mujeres violentadas, se detectó el uso de violencia extrema, es decir, víctimas lesionadas con arma blanca y de fuego.
“Más palpable; con un riesgo inminente de muerte como son: lesiones con arma blanca y lesiones por disparos”, evidenció la Premio Estatal de Derechos Humanos 2013.
Entre el inicio de la Jornada Nacional de Sana Distancia (inicio del aislamiento social) y hasta el 1 de agosto pasado, San Luis Potosí contabiliza 395 potosinas lesionadas con arma de fuego y punzocortante, según cifras de la Dirección de Epidemiologia de la Secretaría de Salud federal (Ssa).
La activista en favor de las mujeres violentadas, matizó que es difícil precisar un alza en las atenciones, debido a la circunstancia de la contingencia sanitaria, es decir, al ser actividad esencial, no han dejado de laborar, pero lo hacen con estrictas medidas sanitarias.
Rememoró que en marzo al inicio de la estancia en los hogares se apreció decremento de denuncias y llamadas de auxilio, pero de “ninguna manera” significa disminución en la violencia hacia las potosinas.
Rapp Saint Martín sostuvo que todas las violencias a este sector de la población son igual de significativas, igual de riesgosas y pueden llegar a causar la muerte de una mujer. “No podemos pensar que una violencia psicológica que lleva una depresión severa con una idea de suicidio, no es tan grave como aquella que marca un golpe o un moretón”.