No solamente en México, sino en el mundo entero, hemos sufrido una transformación epidemiológica. Desde hace ya varias décadas las llamadas enfermedades crónico-degenerativas son la principal causa de muerte, entre las cuales las enfermedades del corazón son con mucho la primera, sobre todo en personas en edad productiva.
La gran pregunta es: ¿por qué no hemos podido reducir esta mortalidad? Las respuestas son simples: porque no hemos sido capaces de prevenirla, y porque nuestro sistema de salud se ha tardado en querer entenderlo y atenderlo.
En esta primera parte me referiré a cómo convencernos de la manera de prevenir esta enfermedad. Existen factores que precipitan la presencia de un INFARTO AL CORAZÓN desde edades tempranas, unos conductuales y otros hereditarios.
FACTORES
Tres factores de conducta, que dependen totalmente de la persona, son:
El TABAQUISMO, hoy presente a edades más tempranas, con un consumo desmedido a pesar de todos los esfuerzos por limitar su consumo, este factor debe prevenirse desde la infancia, tanto en casa como en la escuela, con el ejemplo de los adultos y la insistencia del daño que puede causar a nuestro organismo.
La FALTA DE EJERCICIO, tan difícil de desarrollar en nuestros días. Es frecuente escuchar: “no tengo tiempo”, “me es difícil”, “lo haré en mis ratos libres”, cuando debe de ser una decisión personal. Practicar algún deporte sería más fácil si lo hacemos acompañados de otros adultos y es una práctica que debe inculcarse desde la niñez.
El tercer factor es la MALA ALIMENTACIÓN, que no quiere decir necesariamente obesidad, sino un exceso de sal, grasas y la pobre ingesta de agua, la irregularidad en los horarios de alimentación y los ayunos prolongados, que alentan el metabolismo y precipitan un desequilibrio en la glucosa y los lípidos en la sangre.
HEREDITARIOS
Otros factores, estos con fuerte carga hereditaria, son:
HIPERTENSIÓN ARTERIAL, enfermedad que pese a ser tan frecuente, es poco diagnosticada y, sobre todo, mal tratada y controlada la mayoría de las veces. Baste mencionar que cerca del 50% de la población que padece esta enfermedad no lo sabe, y de los que ya tienen el diagnóstico solo la mitad están bien controlados.
La DIABETES MELLITUS es una enfermedad asociada a una fuerte carga genética, pero precipitada por malos hábitos de alimentación y estrechamente relacionada con la obesidad. Es necesario conocer de manera regular nuestros niveles de glucosa, y si ya existe el diagnóstico, mantener un MUY BUEN CONTROL para disminuir la posibilidad de un infarto.
Los niveles altos de COLESTEROL son poco conocidos por la población, pero igual de importantes como factor para precipitar un infarto, por lo que la revisión periódica de los niveles de colesterol permitirá evaluar individualmente la necesidad de administrar o no medicamentos para asegurar los niveles más bajos de colesterol en la sangre.
OBESIDAD
Por último, un factor que puede englobarse tanto en lo hereditario como en lo conductual, es la OBESIDAD, un padecimiento particularmente importante en nuestro país, debido a un cambio que se ha visto acompañado de una transición nutricional en la cual el consumo de alimentos con alto valor nutricional y baja densidad energética se ha disminuido y, por el contrario, el consumo de alimentos altos en calorías y azúcares simples ha aumentado en la dieta diaria del mexicano.
Desde hace ya más de una década se sabe que en nuestro estado una quinta parte de los niños en edad escolar y una cuarta parte de los adolescentes presentan exceso de peso, es decir, una combinación de sobrepeso más obesidad, factor determinante para lo que ahora observamos: la presencia de infartos al corazón ¡en personas menores de 40 años!
Aproximadamente siete de cada 10 adultos mayores de 20 años en nuestro estado presentan exceso de peso (IMC=25). El 75% de la población mayor de 20 años tiene obesidad abdominal.
Es difícil poder modificar esta situación de la noche a la mañana, pero se puede, con una adecuada promoción de la salud desde los primeros niveles de educación, resaltando lo que es bueno, y tratando de convencer a los adultos para modificar sus hábitos de alimentación. Se debe insistir en la modificación de nuestro estilo de vida.
Sobre todo, debo convencerme que ME TENGO QUE CUIDAR, como una decisión personal.