Don Arturo Antonio Szymanski Ramírez

Adiós, al padre de los padres

Pbro. Lic. Salvador González Vásquez.

Y, ¿Por qué le llaman Padre? Porque Padre, no es tan solo el que nos da su sangre; están también los que entregan su vida, al servicio de los demás. Y por esa razón, también merecen

llamarse padres.

La vida, no solo es recibida cuando nacemos; también cuando renacemos por el bautismo. Y todos los días hay que renacer.

Pero, necesitamos de los padres espirituales que alimenten la vida espiritual; qué con sus palabras, nos muevan a luchar por seguir adelante. Y por esa razón, el sacerdote es llamado Padre.

Hoy, estamos despidiendo a un hombre que dedicó su vida a ser Padre: Don Arturo. El fue un padre espiritual para muchos. Y cuando lo consagraron Obispo, se convirtió en Padre de los Padres, es decir, fue un pastor con un corazón orientado hacia los sacerdotes; ellos fueron siempre su prioridad.

Pastor de la Iglesia

Él, amó a su Iglesia, y en especial a los sacerdotes. Porque los consagrados, también necesitan de un padre que les motive

en el desempeño de su vida ministerial.

Él, vivió para sus sacerdotes; siempre atento a escuchar y a alentar; haciendo así, más ligera la carga del ministerio. Él, era un Padre que miraba al interior se la persona, para poder ayudarla desde dentro.

Don Arturo, acompañó a muchos sacerdotes en sus momentos mas difíciles; sobre todo, cuando sufrían la pérdida de un ser querido.

Una virtud en él, muy notable, fue el ser un Padre para los Padres; alguien muy comprensivo en el aspecto humano del Sacerdote; siempre dispuesto a ayudar y rescatar al sacerdote ante las dificultades de la vida sacerdotal. Es así, como cumplió con su misión de Padre y Pastor.

Con el Santo Padre

Por su amor a la Iglesia, siempre nos inculcó el aprecio por el Papa. Y en sus visitas a Roma, llevaba siempre a los Sacerdotes a saludar al Santo Padre, y de él, recibir la bendición.

Hoy termina su peregrinar sobre la tierra. Y vuelve a la casa del Padre; llevando los frutos de su ministerio.

Don Arturo, ha entrado a la vida eterna. Roguemos pues, a Dios, para que desde donde él se encuentre, siga pidiendo por la Iglesia peregrina, que tanto amó.

Dios le conceda

la felicidad eterna.