Dijo Pessoa: “la literatura existe porque el mundo no basta”, y en su momento, Nietzcshe afirmó que: “tenemos el arte para no morir de la verdad”.
Por lo tanto, se puede considerar a las manifestaciones artísticas como salvavidas e inherentes a la especie humana, y algo que me vino a la mente es el reconocimiento que han tenido grandes historiadores, sobre todo los contemporáneos, quienes han mostrado una necesidad y exigencia de estudiar, entender y narrar el discurso histórico con fuentes artísticas como la pintura, escultura, arquitectura y la propia literatura de ficción.
El pensador israelí, Yuval Harari, el historiador más consultado de nuestro tiempo, ha confirmado su imperante necesidad de recurrir a metáforas y relatos poéticos para poder contar lo que el lenguaje de la ciencia, la historia o los datos no alcanzan a exclamar.
La memoria, los hechos históricos, no son el cúmulo de fechas, enlistados que no dan más allá que información en fila para poder ordenar el tiempo, pero no para comprenderlo.
Con este tema recordé el libro “El siglo” del filósofo, novelista, sociólogo y académico, Alain Badiou, que no se pueden perder, ya que es un texto con suficiente rigor filosófico, y al mismo tiempo, al ser la compilación de sus cátedras, posee un tinte pedagógico en el que cualquier terrícola con ansia de saber, comprende.
El primer planteamiento es: “¿Qué son cien años?”, refiriéndose al terrorífico, vertiginoso, nostálgico y doloroso siglo XX, ese del que usted y yo emergemos, y donde incluye referencias artísticas como la poesía de Bertolt Brecht, André Bretón o la del ruso Osip Moldestam; la pintura de Paul Klee, “Angelous Novus” que teje de manera deliciosa y muestra como el arte es quien hace frente a todas las significaciones de uno de los siglos más contradictorios de la historia de los seres humanos.
Con la pintura y la literatura, Badiou reflexiona sobre el siglo maldito y totalitario, donde los avances científicos, tecnológicos y la incómoda idea de progreso, avanza con pasos gigantes, y donde tenemos que subirnos a ese tren sin opción a no hacerlo.
Somos protagonistas, testigos y víctimas del movimiento acelerado del S. XX, ya que cuando vamos corriendo, la mirada en retrospectiva del ángel de Paul Klee, nos indica que nos angustia el pasado y que no sabemos si esa velocidad nos conduce a un mejor futuro. Es en sí el tema de la memoria.
En este libro, Badiou es el científico del recuerdo y resalta la idea de que el arte es el que salva, además de que los artistas indican hacia dónde caminar, por su carácter de vigía y por lo tanto dirigen los pueblos.
Es esa mirada, la de los sentimientos, las emociones y las sensaciones, las que vienen a rellenar y medir los datos históricos, objetivos y lo que realmente se introduce en las entrañas de nuestra comprensión y constitución.
El habitar o vivir no es una estadística o un número, sino que es un acontecimiento y experiencia, y el arte recuerda que es solo ella (¿o él?) y su poder la que penetra en la necesidad de encontrar el sentido a la existencia.
@vanecortescolis