Sigilosamente el gato cruza el hall, trepa a la pequeña mesita, de ahí al sillón, y al televisor; desde ahí observa el panorama, creyéndose el que todo lo ve, todo sabe, controla desde ahí al canario de la jaula, su plato de comida y a mí; mis movimientos, a donde voy y de donde vengo. Así veo a mucha gente que sube como la espuma, llega a una pequeña cima y creen que han conquistado el Everest y solo es un gato sobre un televisor. Creen fielmente que todos les debemos rendir pleitesía, ser admirados y postrarnos a su paso por el mundito que en su cabecita han creado; sin embargo, lo que la mayoría de la gente ve es solo la “caja idiota” y no a la persona; contrario a lo que creen, y en cuanto estorbe o no deje ver el programa será desplazado de un escobazo o un certero chanclazo, es solo un gato sobre el televisor. Creen que, por su talento, han llegado a la cima, pisoteando a otros, pasando por encima de los que realmente merecen estar arriba; pero, en realidad lo que la gente ve solo es la parafernalia que le rodea, los chismes, los escándalos, lo material. Que, si anda con algún famoso, que se divorció, que lo demandaron y cuanto le van a quitar. y así como subió lo bajan, como al minino trepado que subió y subió tumbando todo… escrúpulos, gente y valores. Las cimas se conquistan con esfuerzo, con talento y habrá manos amigas que nos darán el impulso o jalón para subir al siguiente peldaño y hacernos la travesía más fácil; pero, en cuanto pisoteemos o defraudemos esa ayuda y dañemos al que nos ofreció su mano sin interés, en ese momento nos convertimos en un triste gato sobre un televisor. ¿Conoces alguno?
cuentología cale agundis
El gato sobre el televisor
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