Enrique no es el primero, hace 130 años otro miembro de la realeza declaró en la corte

Cuando el príncipe Enrique subió al estrado de los testigos en su demanda contra la editorial del Daily Mirror, se convirtió en el primer miembro de alto rango de la familia real en testificar ante un tribunal desde finales del siglo XIX.

El hijo mayor de la reina Victoria, el príncipe Alberto Eduardo, testificó en dos ocasiones: En el proceso de divorcio de una mujer con la que fue acusado de tener una aventura (lo cual negó) y más tarde en un caso de difamación de un hombre acusado de hacer trampa jugando naipes.

En ese momento era conocido como el príncipe de Gales y luego se convirtió en el rey Eduardo VII. Fue bisabuelo de la reina Isabel II, la abuela de Enrique.

A continuación, extractos de tres despachos de The Associated Press sobre el caso de naipes de 1891, al que la prensa en ese momento apodó como el Escándalo Real del Bacará.

Aunque el príncipe no fue acusado alguna conducta indebida, el abogado de Sir William Gordon Cumming, quien presentó la demanda por calumnia después de que lo acusaran de hacer trampa, trató de convertir el caso en un referéndum sobre el comportamiento del príncipe. Incluso en uno de los despachos se llegó a señalar que la tormenta alrededor del príncipe podría amenazar la existencia misma de la monarquía inglesa.

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LONDRES, 2 de junio — En esta etapa, un miembro del jurado causó sensación al levantarse en su lugar y preguntar en voz alta: "¿Debe entender el jurado que usted estaba repartiendo las cartas en estas dos ocasiones y no vio nada de la supuesta práctica indebida?".

El príncipe vaciló por un momento, como si no estuviera seguro de si debía o no responder. Finalmente, dijo, con media sonrisa: "Es muy fácil para los talladores cuando reparten cartas, no ver nada, especialmente cuando están en compañía de amigos en una casa de campo; ni por un momento supone uno que alguien jugaría injustamente".

El jurado preguntó: "¿Cuál era su opinión en el momento en que se hicieron las acusaciones contra el demandante?"

A esto, el Príncipe respondió casualmente: "Las acusaciones formuladas contra él fueron tan unánimes que yo no tenía otro camino que creerlas".

La última respuesta provocó otro revoloteo emocionado, seguido de comentarios susurrados. Aparentemente, el jurado había logrado sacar a relucir de manera directa y más allá de cualquier duda posible el hecho de que el príncipe de Gales, en vista de la evidencia que le habían presentado en Tranby Croft las damas y caballeros que habían jugado al bacará con Sir Wm. Cumming el 8 y 9 de septiembre, se convenció de la culpabilidad del demandante.