“ENTONCES, ¿QUÉ PASÓ?”

Se ha cuestionado la agresividad o desesperación de la polifonía de voces de las mujeres en la actualidad, no como una ola, sino como un tsunami que quiere devorar todos los terrenos en los que el género femenino ha sido vetado. 

Creo que hay algo que debe considerarse, vamos a la línea del tiempo: homo habilis, unos 2.5 a 2.8 millones, sí, ¡millones de años! 

Bueno, avancemos más rápido, saltando al homo erectus, pero no pierdan de vista los millones de años. Pasemos al homo sapiens, 300,000 años, él más cercano a nuestra especie. Todos ellos en la prehistoria, es decir, sin escritura, faltan unos 7,000 años para ésta, pero esas comunidades ya poseían una organización social igualitaria, con una división del trabajo más equitativa de lo que ahora puede apreciarse.

Desde el paleolítico, las representaciones femeninas estaban de manifiesto, como creadoras del universo y ligadas a los ciclos lunares. Más allá de Gea, Venus, Afrodita, las diosas de Laussel y Brassempouy en Francia, la diosa de Willendorf en la zona de Austria, Inanna en Sumeria, Lilith en Mesopotamia, son claro ejemplo de que desde el comienzo y origen humano, nacimos mixtos, matriarcales y con una identificación clara del género femenino, al igual que en el tiempo sacro, con los ángeles o seres metafísicos donde la distinción de género ni siquiera era necesaria. 

Entonces, ¿qué pasó? ¿Dónde se quebró o eliminó ese “segundo sexo”? ¿Quién decidió borrarnos? ¿Será con la escritura? ¿Fue Aristóteles, quien afirmaba que nuestro género no tenía cerebro? ¿Será con el desarrollo del pensamiento? ¿Lucha por el poder? ¿Por qué la mujer ya no tiene un lugar si hace millones de años era, junto con los hombres, demiurgas y dirigentes de todos los universos y galaxias?

Por siglos y siglos los hombres han dictado las reglas, ganado las batallas, construido imperios, violentado nuestro género en demasía y sobre todo nos han asignado un rol pasivo con diminutas posibilidades de maniobra y mucho menos de pensamiento, y pregunto de nuevo ¿por qué asombra la prisa del género?

Por siglos, la humanidad ha sido vetada de su otra mitad. Nos han violentado, excluido, oprimido, señalado, explotado y rechazado como género, nada aquí es personal. No soy yo, no eres tú, somos todas, es más de la mitad del planeta. Nos han dicho cómo debemos ser y no han preguntado cómo realmente queremos serlo.

Lo dijo Virginia Woolf: hemos servido de espejo que ha agrandado la imagen de los hombres. Hemos estado ahí para la función del patriarcado.

Si volteamos un poco a la historia, se puede reconocer que nacimos mixtos desde el origen de todos los tiempos.

Somos complemento, con diferencias biológicas más no culturales. Necesitamos aliados y no enemigos. Necesitamos sumar y no dividir. Dense cuenta del punto milimétrico en la línea del tiempo, por eso es la prisa y debemos acelerar el paso.

Construyamos, todos, todas o todes un camino menos sinuoso y más placentero para nuestras generaciones que ya habitan la tierra y donde, si ponemos atención- lo único que no ha cambiado, es el lugar que ocupa el corazón, pues este motor se gestó y permanece desde hace millones de años en el mismo lugar.