Pbro. Lic. Salvador González Vásquez
Cuando todo sale bien, es fácil vivir alegres; pero, cuando el entorno cambia de color, no es tan fácil mantener la alegría.
Y en estos tiempos de dolor e incertidumbre, estamos expuestos a caer en el pesimismo; y así, se nos va a hacer pesada la vida.
La alegría, es señal de ligereza, y, por tanto, ausencia de pesadez. Porque el que vive alegre, se aligera la carga, y eso le ayuda a liberar una sonrisa.
Pero no es fácil permanecer alegres en el caos. Y aunque dice el dicho: “Al mal tiempo, darle buena cara”. Aún así, es difícil sostener una sonrisa, cuando se vive en la adversidad.
ORAR
Y por eso, necesitamos que Dios nos dé la orden de vivir alegres. Hoy nos dice San Pablo: “Hermanos: Vivan siempre alegres, oren sin cesar…No impidan la acción del Espíritu Santo”. (1Tes.5).
Estar alegres, es un mandato Divino. Porque Dios sabe que si podemos; y con lo que no podemos, él nos da la fuerza de poder hacerlo. Dios no te pide nada, que no te haya dado antes.
Ya decía San Agustín: “Pídeme lo que quieras, pero antes dame lo que me pides”. (Conf. San Ag.) Por tanto, tú decides que tan pesada te quieres hacer la vida. Porque Dios no te va a pedir, lo que no te haya dado.
EXISTENCIA
Pero si te has propuesto ver lo difícil de la existencia, entonces tu vida será pesada; y si has decidido ver el lado positivo, tu existencia será ligera, y por tanto alegre.
La carga se aliviana cuando nos decidimos a confiar en Dios; porque así, tendremos la certeza, de que Él nunca nos va
a abandonar.
Hay que decir con San Pablo: “Todo lo puedo en Aquel que me conforta”. (Fil.4,13).