Pbro. Lic. Salvador Glez. Vásquez.
Todos necesitamos tener dirección. Porque, hay instantes, en qué nos sentimos perdidos
Sin embargo, es bueno saber: cuál es la puerta que hay que tocar, para encontrar la salida.
En esta vida, hay muchos caminos, pero, no todos son acertados.
Por tanto, es necesario contar con alguien, que nos indique: cuál es la puerta que se debe tocar, y que de paso a la libertad.
Hoy, abundan las propuestas, los consejos y los guías; pero, no todos buscan
nuestro bien.
No cualquier guía, va a llevarnos, a donde lo necesitemos; tal vez nos lleve, a donde él, pretende que lleguemos.
Por eso, hay que tocar la puerta, que abre hacia la libertad; siendo conscientes, de que no todas las puertas tienen salida.
Hoy dice el Señor: “Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará, podrá entrar y salir encontrará pastos” (Jn.10).
Solo en el Señor, podremos encontrar el pasto, que alimenta, que nutre, y da sentido a la existencia.
Aunque, para eso, hay que dejarse llevar por lo que dicta el corazón. Ya que, este, sabe detectar, en dónde está la salvación.
Dice el salmo 26: “El corazón me dice que te busque, y buscándote estoy”.
Si tenemos la certeza, de saber dónde está el bien, entonces, hay que seguir lo que dicta el corazón.
Dice el Evangelio: “Y cuando ha sacado a todas las ovejas, camina delante de ellas, y ellas lo siguen, porque conocen su voz”. ( Jn 10).
Sigamos la voz del que nos ama, y está dispuesto a morir por nosotros; nunca dejemos de seguir, y confiar en Dios.