“ÍTALO CALVINO, CIEN VELITAS”

Un centenario más de festejo. Les cuento que alguien que me ha enseñado a comprender por qué la literatura es poderosa y me ha explicado la categoría de lo “clásico” en las letras o en el arte es Italo Calvino, quien el pasado 23 de octubre cumplió cien años. 

Un gran ensayista, intelectual, escritor que merece la pena habitar en su estantería de libros personal. 

Tenía una visión aguda de las cosas ya que, desde niño, por haber nacido en la abundancia de flora y fauna de La Habana y por la influencia y trabajo de sus padres, observaba la naturaleza con detenimiento.

Minuciosamente revisaba los bichos e insectos y lo imagino detallando bajo todas las perspectivas posibles, las características de estos diminutos habitantes del mundo animal. Así, de esa manera en su literatura, con una mirada telescópica o bajo la lupa, construye relatos de ficción con una carga realista.

En su adolescencia regresa a Italia y se topa de frente con la segunda guerra mundial y con la actitud rebelde, se enfila como partisano o en contra del gobierno de Mussolini. Ante la guerra se entra en catarsis, ¡y cómo, no! Con estos movimientos bélicos de enorme magnitud se pone en crisis nuestra frágil condición, exigiendo a los más sensibles y con inquieto intelecto, a la reflexión.

De hecho, Calvino se enfila con los escritores que repudiaban la indiferencia de la gente ante los acontecimientos, como lo expresó en “La náusea” Jean Paul Sartre, y en “La Peste”, Camus.

Para Italo, la fantasía es una manera de sobre vivir a la realidad e incluso entenderla. Esa realidad que duele y arde en la piel y ante los sentidos.

En ocasiones recurre a la voz infantil para narrar relatos, como sucede en “Por último el cuervo”.

En su ensayo “Por qué leer los clásicos” recopila esas notas donde se expresa lo importante de volver a esas lecturas que perduran a través del tiempo, de lo cíclico y perenne, ya que dichas historias nos hablan de los temas universales que generación tras generación nos competen: el amor, el miedo, el tiempo, la muerte, los dioses, etcétera.

En esos libros que sobreviven a los milenios nos podemos encontrar, aun cuando el lenguaje se transforme, las ideas perduran porque están cargadas de respuestas y de sensaciones que pertenecen a lo humano. 

A diferencia del “best seller”, un libro clásico es aquél que siempre se está leyendo y no solo se hace en un periodo determinado, como sucede con el primero. Por eso sabemos de Odiseo, la totalidad que encontramos en el Quijote, las reflexiones de Shakespeare, la angustia en “Frankestein”, porque en estas historias las definiciones de los habitantes del planeta, están ahí y evolucionan con nosotros. Calvino lo explica muy bien, tanto así que su clásico es también un clásico.

Algo divertido para leer, es el libro de “Los amores difíciles”. Trece relatos relacionados con el tema del amor – desamor. Cada personaje, un fotógrafo, un bandido, un motociclista, una bañista que pierde la parte inferior de su traje de baño entre otros, nos cuentan su relación con el amor y sus problemas que ya sabemos no son exclusivo de los personajes de ficción

El punto a coincidir es el de la falta de comunicación en las relaciones amorosas, los encuentros y los desencuentros y en pocas palabras, sugiere de una manera inteligente, irónica y cómica lo que debemos considerar cuando nos encontramos en una relación como tal. Recuerden que la mejor conmemoración o festejo es el de leer a los escritores que nos trastocan en nuestra actualidad. Aprovechemos la coyuntura y subamos a ese instante que nos invita el tiempo en espiral en que estamos insertados.