Oración
También nosotros queremos
estar contigo en la vida eterna.
Danos la gracia de recorrer
nuestro camino terreno
sin olvidarnos de ti.
Ayúdanos a vivir
cristianamente
para morir consolados
por tu misericordia asistencia;
y que merezcamos oír
de tu boca
a la hora de nuestra muerte:
“Hoy estarás conmigo
en el paraíso”.
La Crucifixión
El Señor está firmemente clavado en la cruz; cumplía su deseo de morir por la humanidad
Había esperado muchos años y en aquel día se cumplía su deseo
de redimir a los hombres.
Lo que había sido un instrumento infame y deshonroso, se convertía en el árbol de la vida y escalera de la Gloria.
Una honda alegría le llenaba el extender los brazos sobre la Cruz, para que supieran los hombres que así tendría siempre los brazos para los pecadores que se acercan a Él: abiertos.
Liturgia
Según una antiquísima tradición, la Iglesia no celebra los sacramentos en este día ni el siguiente.
El altar debe estar desnudo por completo: Sin Cruz, sin candelabros, sin manteles.
Ayuno y abstinencia se incluyen como precepto, en el cual los días de guardar son el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.
Las edades son de 14 a 59 años.
Ornamento sacerdotal
El ornamento sacerdotal, en esta solemnidad es rojo. La primera parte es la Liturgia de la Palabra y la Oración Universal.
Se lee la Pasión del Señor según el Evangelio de San Juan.
Adoración de la Cruz
La segunda parte es la adoración de la Cruz: El leño del Calvario no es sólo un suplicio, sino sobre todo la cruz exaltada.
El celebrante, los ministros y los fieles van a postrarse sucesivamente delante del crucifijo en señal de adoración de Cristo, triunfante por la Cruz.
Sagrada comunión
La tercer parte es la Sagrada Comunión se distribuye únicamente a los fieles dentro de la celebración de la Pasión del Señor; a los enfermos, que no pueden participar en dicha celebración, se les pude llevar a cualquier hora del día.
Meditación
El Vía Crucis es la devoción propagada sobre todo por los franciscanos a partir de los siglos XV y XVI, consiste en recorrer un itinerario de representaciones, llamadas estaciones, de las etapas del camino que va del palacio de Pilato al Calvario, deteniéndose a meditar y a rezar.
La vida ya no es una pasión inútil
En el dolor de Jesús contemplamos el dolor del hombre
Pbro. Salvador González Vásquez
En el dolor de Jesús, contemplamos el dolor del hombre; y en su abandono, percibimos nuestro abandono. No hay dolor mas grande que la soledad. Porque el hombre, no fue hecho para estar solo; es su egoísmo el que lo ha llevado a la soledad. Y ésta, es un duro martirio.
El Papa Benedicto, decía: que “el que reza, nunca esta solo”.
Pero, es de humanos resentir el abandono; y hay momentos, en que nos sentimos abandonados hasta del mismo Dios. Ya cuando los hombres te han dejado solo, entonces piensas que
Dios tampoco está contigo.
Jesús, ha querido asumir en todo la condición humana; hasta sufrir la ausencia de Dios; y siendo la voz del hombre, alza la mirada buscando al Padre para preguntar: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.
Meditar
Ningún hombre se salva de la soledad. Porque todos, en algún momento, hemos padecido el abandono. Ya lo decía Ortega, que “el hombre es radical soledad”. Y si es humano, se encuentra solo. Y en esa situación, volteamos la mirada hacia Dios buscando ayuda.
Hoy es Viernes Santo, un día muy apropiado para meditar sobre el sentido del dolor. Aunque para los que no creen: el dolor es un absurdo, y la vida, una pasión inútil, así lo expresan algunos pensadores, como Jean Paul Sartre.
Sentido y valor al sufrimiento
Pero, desde el momento en que Jesús asume nuestra condición; la vida ha dejado de ser una pasión inútil. Porque Jesús le da sentido y valor al sufrimiento. Ahora todo lo humano, retoma un valor y tiene sentido. Ya no tenemos porque sufrir inútilmente; si sufrimos por amor, el dolor tiene sentido.
Cristo, ha querido vivir todas las etapas de nuestra vida; padeciendo hasta la muerte. Esto nos hace pensar, que la pasión de Cristo, es la pasión del hombre. Ya que el destino de la humanidad, al alejarse de Dios, es sobrellevar el sufrimiento.
Por tanto, el padecer es humano. Y Dios no padece; pero si compadece, es decir, padece junto con nosotros.
Falta de Dios
El hombre sufre, porque piensa que la puede hacer sin Dios; y al soltarse de la mano divina, empieza a ser atormentado por el dolor. Éste, es una señal de ausencia; indica la falta de Dios.
El pecado, es una ruptura que ciega. Y en la oscuridad, nos exponemos a ser golpeados, porque no vemos con claridad. Y Jesús, viene para que abramos los ojos; para que en él, tengamos luz para ver con claridad. Y así, reconocer que el dolor humano, no es culpa de Dios, sino la consecuencia de
nuestros errores.
Cristo está cerca
Pero en el viacrucis de la vida, Dios no te abandona; aunque la ceguera nos haga sentir que estamos solos. Cristo está tan cerca, que asume las consecuencias de nuestros errores; para que no paguemos solos el precio de nuestro pecado.
El sufrimiento de Jesús tiene un olor a redención; a salvación.
No estamos solos, fallamos, pero Jesús paga el precio de nuestras culpas. Si estás sufriendo, tu no estás solo, Cristo está contigo. Él, sufre contigo para aligerar tu pena.
Que la cruz no nos espante; es la máxima expresión de amor; la prueba mas clara, de hasta donde llega Dios, con tal de vernos salvados.
Jesús de Nazareth, salvador
Maestro y dueño soberano; ha muerto por nuestro amor
Para hablar de la pasión, mediante la cual fuimos rescatados todos, tomaré como tenía las palabras del título que Pilatos hizo escribir sobre la Cruz: “Jesús Nazareno, Rey de los Judíos”.
Jesús quiere decir Salvador, así que ha muerto porque es salvador y para salvar hacía falta morir. Rey de los judíos, o sea que es Salvador y Rey al mismo tiempo.
Judío significa “confesar”; por tanto es Rey pero de solo aquellos que le confiesen, y ha muerto para rescatar a los confesores; si realmente ha muerto y con muerte de cruz.
Santo
Ahí tenemos pues las causas de la muerte de Jesucristo: la primera, que era Salvador, Santo y Rey; la segunda, que deseaba rescatar a aquellos que le confiesen.
Pero, ¿no podía Dios dar al mundo otro remedio sino la muerte de su Hijo?. Ciertamente podía hacerlo; ¿es que su omnipotencia no podía perdonar a la naturaleza humana con un poder absoluto y por pura misericordia, sin hacer intervenir a la justicia y sin que interviniesen criatura alguna?
Amor
Sin duda que podía. Y nadie se atrevería a hablar ni censurarle.
Nadie, porque es el Maestro y Dueño soberano y puede hacer todo lo que le place.
Ciertamente pudo rescatarnos por otros medios, pero no quiso, porque lo que era suficiente para nuestra salvación no era suficiente para satisfacer su Amor.
Y que consecuencia podríamos sacar sino que, ya que ha muerto por nuestro Amor, deberíamos morir también por Él, y si no podemos morir de amor, al menos que no vivamos sino sólo para Él.