Se llevó a cabo el XV Festival de Letras en la Capital de nuestra entidad.
Los autores en torno al más sublime de los géneros literarios: la poesía. Tuve la oportunidad de conversar con varios de ellos. Algunos con datos específicos que le narro aquí, pero en general mi conversación giró en torno a saber si la poesía sana, transforma, seduce o nos regala placer en ambientes tan caóticos, violentos o inestables como, casi siempre, ocurre en la historia humana bajo diferentes contextos.
Mi heroína, Ida Vitale, la reina, su poesía hace honor a su apellido, es vital, fuerte, sensible, potente, de admiración.
Aposté con ella a que ganaría el Nobel de Literatura, por lo que cruzo los dedos cada año y ella, a punto de cumplir un centenario el próximo 2023.
Ella solo me dijo: “eres una amiga de lo imposible”. A ella no le gusta el “yoísmo” en la poesía, sino extenderla hacia la naturaleza, el amor, la vida en general.
El romanticismo lo considera, a veces, necesario, pero se rehúsa a escribirlo.
Imponente escritor fue Horacio Costa, amante, también del país, y lo que me gusta de él fue su manera de llevar de manera intrínseca a la poesía, ya que simplemente, para él, lo cito “la creación es una condición (humana), que uno (como artista) lo hace porque no podría no hacerlo.
Los paréntesis son míos. Y es que, para autores como él, la poesía es una necesidad, inherente a su vida y no existe forma de abandonarla, porque le es vital.
Terminamos hablando de José Saramago y centenario, ya que es experto en el tema porque le dedicó su tesis doctoral al lusitano.
Juan Manuel Roca, colombiano. Hombre sensible, en el que coincidimos sobre la vía de la cultura, arte y educación como una especie de solución de conflictos. México y Colombia con contextos similares, sobre todo de violencia, donde Colombia ha tenido grandes avances en su erradicación, justamente por la vía del arte y la cultura.
¿Por qué no aprenderles? El gobierno de nuestro país debería echar una mirada a este trabajo extraordinario que el país hermano ha desarrollado en sus políticas públicas y considerar el arte como una vía de salvación, así, literal.
El controversial Javier Sicilia, la verdad es que cambió mi perspectiva.
Hizo hincapié en la necesidad de conocer, dominar y extender el lenguaje.
Si no se fomenta, se estudia o se conoce, no existe forma de reconocernos ni siquiera a nosotros mismos.
Un lenguaje pobre, vacío, basado en la ignorancia, genera violencia, pobreza en todos los sentidos.
El lenguaje es nuestro sostén y vía de desarrollo, aunque poco se hable al respecto.
Escucharlos, leerlos, apreciarlos incrementa el desarrollo del alma y del espíritu.
Son tan necesarios los poetas como el respirar.
Es tan imperante el dominio del lenguaje para poder ordenar el caos, comprenderlos, estructurarlo y, sobre todo, explicarlo.
Ellos abren llagas, cierra heridas, presentan el mundo no como es, sino como también pudiera serlo.