NO VIVAMOS APAGADOS

Pbro. Lic. Salvador Glez. Vásquez.

No hay que vivir de espaldas a la luz; porque vemos lo iluminado,  pero no, al que lo ilumina.

Si la vida tiene luz, es porque hay un ser que ilumina lo que vemos.

Pero, por error, nosotros hemos dado la espalda, al ser que es la  luz.

Dios, es quien ilumina, y le da sentido a lo que estamos viendo, y viviendo.

Sin Dios, es imposible ver con claridad, cualquier situación.

Y, en estos días, hay muchos hombres que viven apagados. Ya que, por liberarse de Dios, se quedaron a oscuras. 

Dice el profeta: “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en tierra de sombras, una luz resplandeció” (Is.8).

Necesitamos la luz que brilla allá en lo alto, para que todo se clarifique; el mundo necesita recuperar el rumbo.

Vivir sin Dios, es caminar en tinieblas; sin rumbo, y  sin  dirección. El hombre que no ve, se la pasa dando de manotazos; sin darse cuenta, a quién está golpeando.

Por eso, es necesaria la conversión, es decir, hay que volver la mirada hacia el Señor,  para volver a la luz.

Así dice el Evangelio: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos”. (Mt.4).

La gloria, ya está con nosotros, pero le estamos dando la espalda. Por tanto, no vivamos apagados, para no vivir sumergidos en la tristeza.

No olvidemos, que Dios es el único que nos salva, del mar de las tinieblas.

Digamos con el salmo: “El Señor es mi luz y mi salvación”. (Salm.26).