El hombre está rodeado de misterios; de cuestiones que no tienen respuesta. Por eso, toda una vida no es suficiente para salir de dudas.
El hombre comienza a vivir haciendo preguntas. Y termina la vida sin encontrar respuestas.
Los misterios que envuelven al hombre, son cuestiones que la ciencia no resuelve. Y para poder vivir entre tanta incertidumbre, hay que hacer un acto de fe.
Ya que solo con ésta, encontraremos algunas respuestas.
FE PARA CREER EN LA PALABRA
Dicen las Escrituras, que Dios hace surgir de entre los hombres, a algunos profetas para que nos hablen en su nombre. Y estos, que hablan de parte de Dios, nos ayudan a conocer algunos misterios; pero se necesita fe, para creer en su palabra, y así disponer los oídos para escucharla.
El Salmo de hoy dice: “Señor, que no seamos sordos a tu voz”.(Salm.94). No hay que tapar los oídos, y estar atentos a la voz que viene de Dios.
Pero hay que pedir el don de creer. Porque sin la fe, en nada aprovecha la palabra de Dios. Y entonces, viviremos preocupados por salvar al mundo con nuestras solas fuerzas.
VIVIR
Hoy, San Pablo expresa un deseo: “Yo quisiera que ustedes vivieran sin preocupaciones”. Para vivir en paz, hay que dedicarnos a lo que nos ocupa; y hacer, solo lo que se nos encomienda.
Y entre nuestras preocupaciones, nos preocupa el mal. Éste, es causa de lucha y fatigas.
DIOS NOS LIBRA
¿Quién puede vencer el mal? Porque hay males que no podemos vencer con nuestras fuerzas. Son males misteriosos, de los cuales solo Dios nos libra. Por eso, en el Evangelio de hoy, Jesús libera a un hombre poseído por el mal. Ese hombre estaba dominado por un espíritu inmundo.
Los hombres, ignoramos los secretos del mal; porque no es fácil desenmascararlos. Solo Dios detecta el mal, y lo vence.
Por eso, Jesús ordena al enemigo: “¡Cállate y sal de él!”. Y ante hechos tan incomprensibles, surge la pregunta: ¿Qué es esto? Ya que nunca llegaremos a entender esos misterios; precisamente por lo que son: MISTERIOS.
Pero tengamos la seguridad, de que es posible vivir con fe, a pesar del mal y sus enigmas.
No hay que olvidar, que el hombre no puede vencer el mal. Porque éste, supera las fuerzas y la inteligencia humana. Por eso, hay que pedir a Dios, que nos libre siempre del mal.