SIN SABIDURÍA, LO DEMÁS NO CUENTA

Pbro. Lic. Salvador Glez. Vásquez.

No es suficiente con tener   vida, también necesitamos  saber  vivirla.

Tener  bienes, no basta cuando no sabemos, si los tenemos, o si nos tienen.

La vida es para saborearse. Aunque para eso, necesitamos sabiduría.

Es mucho lo que pedimos a Dios; pero olvidamos pedir lo primordial: “sabiduría de corazón”. 

De lo contrario, para qué queremos vida, sino sabemos cómo vivirla. 

Por eso, la vida óptima, es la que se vive con sabiduría.

Antes de pedir cualquier cosa, lo primero que hay que  pedir, es sabiduría. Porque ésta, es un don que viene del cielo.

Dios ofreció a Salomón, darle todo lo que él pidiera; sin embargo, él prefirió pedir sabiduría.

Así lo dice la Escritura: “Soy tu siervo y me encuentro perdido en medio de este pueblo tuyo, tan numeroso, que es imposible contarlo. Por eso te pido que me concedas sabiduría de corazón para que sepa gobernar a tu pueblo y discernir entre el bien y el mal. Pues sin ella, ¿quien será capaz de gobernar a tu pueblo y discernir entre el bien y el mal?”. (1Re 3).

Es importante la sabiduría de corazón; así, el cerebro estará conectado con el corazón.

La sabiduría, es el tesoro escondido, por la hay que dejarlo todo.

Ya lo dice el Evangelio: “El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, va y vende cuánto tiene y compra aquel campo”. (Mt.13).

La sabiduría, lo es todo, con ella podemos conservar lo que tenemos, y recuperar lo que hemos perdido.

Sabiduría, es saborear la vida. 

Siempre que pidamos algo, lo primero es pedir sabiduría; solo así, sabremos cómo caminar en esta  vida.