Ciudad de México.- El trabajo infantil no sólo ocurre en las calles, sino que también se esconde detrás de jornadas excesivas y peligrosas en el propio hogar.
Así lo revelaron los resultados de la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil (ENTI) 2025 que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) dio a conocer y que levanta cada tres años.
A lo largo y ancho del país, 3.5 millones de niñas, niños y adolescentes realizaban trabajo infantil durante el año pasado, 1.9 millones de los cuales llevaron a cabo quehaceres domésticos en condiciones inadecuadas y sin pago.
“No es que las niñas, niños y adolescentes no puedan realizar actividades domésticas, sino que, dependiendo de su edad, hay un número de horas que pueden destinar a esas actividades sin que les impida seguir con su educación”, expuso Mauricio Rodríguez, titular de la Unidad de Estadísticas Sociodemográficas del Inegi.
También se mide que no estén expuestos, por ejemplo, a respirar vapores de cloro, químicos o solventes industriales que a veces se utilizan en la limpieza de los hogares, o que no usen herramientas peligrosas o carguen cosas pesadas, respondió Rodríguez durante una conferencia de prensa.
Los 1.9 millones de jóvenes que realizaron quehaceres domésticos en condiciones inadecuadas equivalen a 6.8% de toda la población mexicana entre cinco y 17 años. Se trata de la mayor tasa de participación de, al menos, la última década, ya que los registros comparables empiezan en 2015.
Por su parte, el director del Observatorio Social Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), Gonzalo Hernández, dijo que el trabajo infantil se registra principalmente en las regiones rurales y entre las poblaciones indígenas y afrodescendientes.
“En esas regiones los niños deben trabajar, en buena parte, para ayudar a su familia en las tareas diarias u obtener dinero”.
El coordinador del proyecto Tejiendo Redes Infancia en América Latina y el Caribe, Juan Martín Pérez, destacó que la precariedad económica es lo que principalmente orilla a los menores a trabajar. “Entre menos ingresos tenga la familia, la actividad económica de las niñas y niños será más vital para ayudar al hogar”, dijo a este diario.
“En el caso del trabajo doméstico infantil, el cual no es remunerado, hay un claro sesgo de género, pues existen más niñas realizando las actividades en el hogar”, comentó Juan Martín Pérez.