Firman 300 para reasignación de presupuesto en la Fonoteca Nacional

Firman 300 para reasignación de presupuesto en la Fonoteca Nacional
"Evitemos la pérdida irreparable del patrimonio sonoro. Es momento de fortalecer las instituciones de cultura", señala la carta que puntualiza que la Fonoteca Nacional es la institución del Estado mexicano donde se rescata, cataloga, investiga y difunde la creación sonora de los mexicanos; donde "se preserva el patrimonio sonoro de México".
Dicen además: "La disminución de su presupuesto y el despido de la mayoría de sus especialistas nos enfrenta a la posible pérdida irreparable de los acervos, dada la fragilidad de su materialidad que, precisamente, requiere cuidados especializados y cotidianos".
Los firmantes, entre los que también se encuentran el contrabajista Roberto Aymes, el saxofonista Remi Alvárez, el historiador Jaime González Vargas, la flautista Marisa Canales, el pianista y académico Arturo Uruchurtu, el compositor Roberto Morales y Graciela Esperón y Álvarez, hija de Manuel Esperón, dicen que gran parte de su acervo se ha construido por las donaciones de ciudadanos que atesoran su memoria sonora y que comprenden la importancia de su conservación.
"La Fonoteca es una de las instituciones garantes del derecho a la cultura, entendida como hacer vivo en el presente, a partir del cual, efectivamente, se construye la continuidad histórica y las identidades en el espacio sonoro compartido que nos estructuran como Nación" dicen en la carta que también valora el profesionalismo de sus ingenieros, archivistas, catalogadores, musicólogos que la han convertido en un referente nacional, iberoamericano y mundial.
La carta cuenta con el respaldo de los colectivos Ya Págame INAH. Todos somos inah, Movimiento colectivo por la Cultura y el arte de México MOCCAM, Movimiento Nacional contra la Precarización Laboral y los Despidos, Asociación de Artesanos, Productores y Promotores Indígenas de los Pueblos Originarios y Migrantes de México, AC. AAPPI, Ya Págame INBAL/Capitulo3000 y NO Vivimos del aplauso.