En plena pandemia, el humilde mototaxi se abre paso para vacunar a peruanos

En plena pandemia, el humilde mototaxi se abre paso para vacunar a peruanos

Sin haber derrotado todavía a la COVID-19, Perú entró en invierno, la estación del año favorita de la gripe y la neumonía, dos viejas conocidas que se combaten en Lima a bordo de los humildes pero efectivos mototaxis, el único transporte capaz de llevar las vacunas hasta la cima de sus cerros más inaccesibles. 

Estos triciclos a motor que trepan empinadas calles de tierra por las que no pasa otro vehículo se han vuelto los mejores aliados de las brigadas de salud para vacunar a una población temerosa de salir de sus casas por el coronavirus y así evitar que la influenza y el neumococo causen una doble epidemia en el país. 

En la India se le conoce como 'tuk-tuk' y en Perú, probablemente el país de Latinoamérica que mejor ha sabido adaptar este vehículo de origen asiático a sus necesidades, se le llama torito o motocar, pero durante la pandemia ha sido rebautizados como el Vacuna Móvil, el medio rodante para mantener a raya a la gripe y a la neumonía. 

"Así como hacemos acciones para evitar contagios de esta enfermedad tan grave (COVID-19), nos preocupa la reintroducción de alguna enfermedad por dejar de vacunar a nuestros chicos. Por eso las vacunaciones se han vuelto una acción prioritaria hacia la población vulnerable", explicó a Efe la directora de Inmunizaciones del Ministerio de Salud, María Elena Martínez. 

A LA BÚSQUEDA DE NIÑOS Y ANCIANOS 

A bordo de los mototaxis, el personal de salud viaja con las dosis en una nevera portátil al hombro y a la búsqueda especialmente de niños, niñas y personas de la tercera edad que todavía no hayan acudido a su centro de salud más cercano a que le aplicasen la inmunización contra estas enfermedades. 

"Ahora que nos encontramos en pandemia, la gente tiene que estar protegida contra la influenza y el neumococo, porque sus síntomas son problemas respiratorios que pueden confundirse muchas veces con COVID-19", detalló Martínez. 

"La prevención es lo primero, y por eso acercamos nuestros servicios de vacunación a los lugares donde la gente no puede trasladarse a los centros de salud", añadió. 

MILES DE DOSIS PENDIENTES DE APLICAR 

El Vacuna Móvil también sirve para poner al día el calendario de vacunaciones de 614.000 niños de menos de 5 años que por culpa del confinamiento se quedaron sin poder recibir sus dosis contra la polio, el sarampión, la rubeola y la papera, entre otras enfermedades. 

En total el Ministerio de Salud calcula que durante la cuarentena se dejaron de aplicar aproximadamente 1,5 millones de dosis del esquema regular de vacunas de Perú, uno de los más amplios de América Latina, con 17 inyecciones que protegen de 26 enfermedades. 

Para alcanzar esa meta, el Gobierno sacó el miércoles un decreto de urgencia con una partida de 14,7 millones de soles (unos 4,2 millones de dólares) para hacer llegar tanto las vacunas pendientes como los suplementos de hierro para tratar la anemia en menores de 5 años. 

Ante el auge de la COVID-19, Perú había suspendido las vacunaciones a domicilio contra la neumonía para evitar más infectados entre el personal de salud, pero ahora retomó este proceso dentro de los centros de salud y con previa cita. A ello se sumó el Vacuna Móvil para aquellas zonas más alejadas. 

DIRECTO A LAS ALTURAS DE LIMA 

Después de haber pasado por otras zonas populares de la periferia de Lima, las mototaxis del Vacuna Móvil hicieron su aparición este jueves en el cerro El Agustino, del distrito del mismo nombre, una montaña arenosa de unos 200 metros de altura copada de casas improvisadas sobre sus pendientes hasta casi su cúspide. 

"Para mí es un orgullo colaborar en esta acción", afirmó a Efe Jorge Conde, conductor de este particular convoy que conoce al dedillo cada bache del recorrido gracias a sus 12 años a los mandos de los mototaxis por los barrios más recónditos de El Agustino. 

"Con la moto se sube fácil, pero a los carros les es muy difícil entrar aquí", admitió Conde mientras custodia su ruidoso vehículo, al que ha instalado un plástico para dividir el asiento trasero donde normalmente van los pasajeros, de modo que solo quepan dos en lugar de tres y exista una aceptable distancia social. 

La caravana llevó a las alturas de la populosa barriada al personal del centro de salud Catalina Huanca, que es parte de la Dirección de Redes Integrales de Salud (Diris) de Lima Este, y en cuya puerta varios vecinos hacen colas para hacer descarte de COVID-19. 

INYECCIÓN INESPERADA PARA VECINOS 

Una vez arriba, desde donde la inmensidad de la capital peruana se pierde entre la niebla y el horizonte, fue fácil encontrar a los primeros receptores de estas vacunas. 

"Qué bueno que hayan venido. No baje a la posta de salud por temor a que me pueda contagiar del coronavirus. Apenas he salido de casa este tiempo. Solo para comprar pastillas para mi presión, que la tengo alta", explicó a Efe Nolberta Medrano, una vecina de 67 años que ya quedó inmunizada contra la gripe y el neumococo. 

También recibió las mismas vacunas en la puerta de su casa Victoria Melgar, una anciana de 92 años, que tampoco puso inconvenientes a los pinchazos, caso contrario al de algunos niños, cuyo llanto al ver las inyecciones rompió por momentos la tranquilidad de la vecindad. 

Estas vacunas son parte de los 7 millones de dosis contra la influenza que el Gobierno peruano había adquirido ya el año pasado, antes incluso de la llegada de la COVID-19. 

"Ya hay unos 2,5 millones de personas vacunadas contra al influenza, pero la brecha aún sigue siendo aún grande, y la mejor estrategia en este tiempo de pandemia es a través del Vacuna Móvil, porque la gente quiere el servicio muy cerca de su domicilio", concluyó Martínez.