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Miguel R. Valladares García

jueves 21 de febrero de 2019

Coyote inválido

Miguel Ángel Hernández Calvillo

Felipe Calderón, mejor conocido por su apócope de “Fecal”, se apuntó rápido cuando el presidente AMLO se refirió a “un ex-mandatario que fue contratado como miembro de su consejo de administración, por una empresa que le vende energía a Comisión Federal de Electricidad (CFE)”, configurándose un conflicto de interés que, también, podría entenderse como “coyotaje”. Y, en efecto, allí tienen que el “coyote” Calderón pretende lavarse la cara, retando al presidente Obrador a discutir los términos de su relación con la trasnacional “Iberdrola”, como si no fuera del dominio público el amplio grado de corrupción que alcanzó a no pocos de sus colaboradores, como el caso de Georgina Kessel que, también, fue pillada con las manos en la “negocia” con esa empresa para formar parte de la misma al término de la administración “fecalista”. ¿A cambio de qué? En principio, a beneficio de subsidios gubernamentales para esa entidad privada y, como se ha sugerido después, con información estratégica que podría poner en riesgo nuestra seguridad energética.

Pero el coyote Fecal anda chueco. Sus bravatas lo exhiben de cuerpo entero y no parece haber aprendido en cabeza ajena, desdeñando las lecciones de la historia nuestra que dictan a los ex-mandatarios no abrir de más la boca ni hacer gestos, so pena de vaciar la cloaca en la que antes se regodearon. Como plantea el presidente AMLO, los excesos de estos personajes, no sólo durante sino después de ejercer el cargo, son de pena ajena y, en el extremo, hasta “risibles”. Me vino a la memoria, entonces, el célebre coyote “Rufo” de la serie de caricaturas de la Warner, empeñado siempre en “meter la pata” y terminando por quedar inválido en el intento. Y como Fecal no encuentra el “mejor” modo de seguir dando lata, pues allí tienen que, también, anda recolectando adhesiones para conseguir el eventual registro de lo que sería “su” partido político, una entelequia denominada “México libre” (o “liebre”, sugieren otros, por aquello de que la presa ya no es tan fácil de cazar), logrando hasta el momento miles de firmas… pero en contra.

Para zanjar cualquier falso debate que pretende Fecal con el presidente AMLO, éste ha ofrecido hasta disculparse, si es el caso, con el dipsómano ex-mandatario, con tal de que no siga haciéndose la víctima y trate de llevar agua (“¿de fuego?”) a su maltrecho molino. Evidentemente, no hay punto de comparación y Fecal se quedará con las ganas de polemizar sobre su propia trayectoria que, por lo demás, ya ha sido juzgada por la Historia, teniéndosele por moralmente inaceptable, así como legalmente responsable del terrible grado de violencia alcanzado en su mandato, con independencia de que, pronto, se le tendrá por compareciendo ante el juicio ciudadano cuando se lleve a cabo la consulta pública sobre la responsabilidad política y patriótica de los últimos gobiernos “prianistas”, representados por el propio Fecal y los no menos “bocabajeados” Fox y Peña Nieto. En calidad de mientras, Fecal puede seguir diciendo misa y buscar el registro de su partido “liebre”, a ver si es cierto que, como ronca, duerme.

Para consuelo de Fecal, a esa lista se ha añadido el nombre de Ernesto Zedillo, el ex-presidente que privatizó Ferrocarriles Nacionales de México y luego apareció como consejero de una de las empresas trasnacionales beneficiadas con esa privatización, así como formando parte también de uno de los grandes bancos extranjeros que se beneficiaron con la venta de Banamex, previamente rescatado y saneado durante su administración mediante el oneroso “Fobaproa”. Pero ese consuelo… de tontos no lo exonera de la responsabilidad histórica que lleva a cuestas, porque Fecal será siempre tenido como el usurpador de la Presidencia de México, bajo el dictum “haiga sido como haiga sido”. De Fox y Peña Nieto… ¿qué se podría decir respecto de los evidentes conflictos de interés en que se vieron involucrados? Empezando por los hijastros del primero y la ex-esposa del segundo, la lista de “trácalas” llevadas a cabo en sus sexenios los ponen, también, como consumados practicantes del más vil y descarado “coyotaje”.

Así las cosas, es entendible que, ciertamente, el pueblo se canse de “tanta pinche transa” y proceda a voltear la espalda a sujetos como el tal Fecal, negándoles apoyo para cualquier causa política en que se vean involucrados, habida cuenta que hoy están más que apestados por tanta “inga” (Catón, dixit) que al pueblo mexicano procuraron. Y ya no hablemos de los demás ex-funcionarios descobijados, que hicieron de la CFE su muy personal espacio de negocios privados.

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