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Miguel R. Valladares García

jueves 17 de enero de 2019

Desilusiones

Óscar G. Chávez

El 11 de enero de 1939 falleció en la sierra de La Ventana, San Luis Potosí, el general Saturnino Cedillo; según el parte oficial, falleció en combate durante un enfrentamiento con el ejército federal; atendiendo las versiones de sus seguidores, el general Carlos Castrejón, lo asesinó luego de hallarlo herido como consecuencia del referido enfrentamiento.

A decir de su gente, la del entorno inmediato, fue un héroe que con justa razón se enfrentó a la maquinaria cardenista; por el contrario, la historia oficial lo consigna como un rebelde, como un militar traidor que pretendió poner en jaque a las instituciones y al estado mexicano. Lo cierto, finalmente, es que Saturnino Cedillo, uno de los muchos personajes surgidos del entorno revolucionario, ha sido proscrito del panteón cívico mexicano, no siendo reconocido como un prócer, menos como un héroe que –al igual que otros de la época– empuñó las armas buscando beneficiar a los que menos tenían.

Cedillo había nacido en Palomas, rancho perteneciente a Ciudad de Maíz, en noviembre de 1890; hijo de Amado Cedillo (1859-1935), comerciante nacido en la Villa de Pozos, San Luis Potosí, y de Pantaleona Martínez Tovar (1866-1916), nativa de Palomas. Saturnino fue el cuarto de ocho hermanos.

Fue por 1912 cundo Saturnino y sus hermanos Cleofás, Magdaleno y Homobono, se unieron a los hermanos carrera Torres, en su lucha por controlar la zona de ente Guadalcázar y Tula, de Tamaulipas, donde destacaron como vuela trenes y salteadores de caminos.

En 1915 participaron del lado de los carrancistas, en la defensa al sitio de Ébano, pero al poco entendieron que era mejor luchar bajo la bandera de sus intereses, y así continuaron –al menos Saturnino, porque Cleofás murió en 1914, siguiéndole Magdaleno en 1917, y Homobono, en 1918– hasta terminada la lucha revolucionaria. Lo cierto es que para 1920 era el hombre fuerte de la región comprendida entre San Luis Potosí y Tamaulipas.

En 1921 comenzó a poner en práctica un modelo que sería característico en su zona de influencia: las colonias militares, que no eran otra cosas que extensiones de tierra segregadas de las antiguas haciendas y repartidas como espacios productivos entre aquellos que habían militado a sus órdenes. 50 como mínimo y 200 como máximo, serían el número de habitantes que tendrían estas colonias, estando obligados sus moradores a cultivar sus parcelas y atender otros compromisos comunitarios, estando siempre a disposición de la Secretaría de Guerra y Marina, o –por consiguiente– al jefe de la respectiva zona militar.

Si nos detenemos un poco en este modelo, podremos comprender que por haber sido en todo momento campesinos que habían combatido durante el periodo revolucionario a las órdenes de Cedillo, continuarían –sabiéndose protegidos y beneficiados por él– en fidelidad absoluta a su jefe.

Quizá la mejor muestra de la utilidad militar de estas colonias, y del nivel de poder alcanzado por Cedillo, fue durante el conflicto cristero, cuando por órdenes del presidente Calles y del secretario de Guerra, movilizó más de 40 mil agraristas que participaron en las batallas de la zona de Tepatitlán en las que falleció el general cristero Enrique Gorostieta.

Dueño de la situación política de la región, fue gobernador de San Luís Potosí entre 1927 y 1931, pero su poder se extendió hasta 1938. Colaboró por un periodo muy corto como titular del ministerio de Agricultura, con Ortiz Rubio, cargo que repitió durante la presidencia de Lázaro Cárdenas, de quien fue uno de sus colaboradores más cercanos.

En 1937, luego de diversos enfrentamientos con políticos cercanos al régimen cardenista, renunció a Agricultura y se retiró a su rancho de Palomas, en donde comenzó a fraguar una rebelión contra el gobierno del centro.

De la biografía de Cedillo, y de este periodo en particular se han ocupado Victoria Lerner, en Génesis de un cacicazgo, antecedentes del cedillismo, Romana Falcón, con Revolución y caciquismo; Dudley Ankerson, en The agrarian warlord; Carlos Martínez Assad, en Los rebeldes vencidos; incluso Gonzalo Santos en Memorias, dedica un buen espacio a narrar los días previos a, y en aquellos que ocurrió el levantamiento cedillista. Todos, sin embargo, señalan que derivado de su propia veleidad y de la perversidad de aquellos que lo adulaban, Cedillo acabó desilusionado y solo.

Nunca, pareciera, el estado mexicano, la historia oficial, han buscado reivindicar su nombre; para su propio estado, incluso, pareciera que el personaje resulta un lastre, un personaje incómodo, al que es preferible si no sepultar, por lo menos dejar en el olvido. Sólo Palomas, su terruño, sigue conmemorando cada año, el aniversario de su muerte; ayer fue el septuagésimo.

* * *

Las desilusiones como se ve, pareciera que derivan de la seducción que de algunos hacen voces malévolas o poco calificadas para obrar con prudencia y mesura; con entereza o vocación de servicio a su entorno, visualizando más el beneficio propio, que el de aquellos con quienes están comprometidos.

Veamos por ejemplo, como en acciones propias más bien de quienes están acostumbrados a actuar mediante traición y madruguete, se autorizó el incremento a la tarifa de los camiones. Los 50 centavos que incrementan no es mucho, incluso quizá sea menos de lo necesario, el hecho es que el secretario –veleidosillo y sin capacidad alguna– prefiere autorizarlo, para no entrar en problemas, no pudiendo ni solucionar la problemática de las tarjetas de prepago.

Desilusiones también proporciona –una más a las habidas– el señor gobernador al impulsar la llegada de Mario García Valdez a la dirección de los CONALEP; nadie ha hecho tanto daño ya a dos investiduras: la rectoría universitaria y la alcaldía. Deshonra hasta para los porros universitarios. Tenemos hoy de educador a un perito en vulgaridades que no conjuga tres verbos en presente simple. ¿Qué sigue? ¿Gallardo a la dirección de los parques Tangamanga?

En el mismo tópico de desilusiones proporcionadas se encuentra el diputado Carrizales, quien para justificar su anémico actuar ahora inventa amenazas de muerte, por proponer iniciativas para suspender corridas de toros y peleas de gallos. Entre él y sus asesores.

Y el rosario da para más: Xavier Nava no licita obras, lo mismo que criticaba a Gallardo; tenemos también un huachicolero prófugo en la persona del Tekmol; y pensar que nuestro gober lo sabía y ahí andaba de caliente inaugurándole hoteles. Quien también ha de andar medio tristón es don Marco Aranda; resulta que los gallardistas le falsificaron la firma. Digo, creo que lo hubieran consultado, y hubiera aceptado cualquier cosa, recordemos los niveles que alcanzó su abyección.

La UASLP sigue señalando que fue ésta la primera universidad autónoma en México; y pues lamento desilusionarlos pero no es así. No olvidemos que fue la Michoacana de San Nicolás de Hidalgo la que al ser creada por don Pascual Ortiz Rubio, en 1917, fue dotada de autonomía inmediata.

Dicen los que saben, y los que no, repiten, que hoy es sábado social, disfrútenlo, pero no se excedan.

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