La disculpa de Rojas

Alejandro Rojas Díaz-Durán, aspirante a la dirigencia nacional de Morena, sorprendió hace unos días cuando, primero, cuestionó severamente al alcalde capitalino Xavier Nava y, luego, se disculpó públicamente con él. La impresión que se tiene es que la primera acción fue un tanto apresurada. La segunda se aprecia como más medida y cuidada. ¿Cómo entender ese cambio de parecer? Según los términos de su propio mensaje de disculpa, Rojas admite que se trató de "rudeza innecesaria", toda vez que, en efecto, el cuestionamiento estuvo centrado en la pretensión de dimensionar las aspiraciones de Nava, legítimas por lo demás, a la gubernatura potosina, ante la eventualidad de que pudiera ser considerado candidato por Morena. Para ello, Rojas trajo a colación que el alcalde capitalino no ha estado acompañando al presidente López Obrador en la defensa del embate de que ha sido objeto, pero de allí a deducir que podría estar del otro lado de la polarización, por simple exclusión, hay más que un trecho. 

Esto último lo reconoció el propio Rojas cuando afirmó, luego, que su distanciamiento con Nava se reduce a que éste haya llegado a la alcaldía capitalina por el PAN, ya que éste partido, en términos generales, se podría aceptar que apoya la oposición, digamos institucional, al presidente Obrador. Pero sabido es que Nava no es miembro del PAN y, más aún, que mantiene una relación conflictiva con un sector duro e influyente de ese partido que podría complicar las posibilidades de su eventual candidatura allí. En este contexto, en el que aún no hay nada para nadie en una y otra opción partidista, en términos de aseguramiento de candidatura alguna a gobernador, es que, ciertamente, parece rudeza innecesaria la de Rojas. Por eso, es más razonable su dicho de que, tal vez más adelante, cuando se asuman posiciones concretas con respecto al devenir de la situación nacional y a la coyuntura electoral, se pueda determinar con mayor claridad si ha lugar a coincidencias o no en torno a un proyecto político específico.

Lo único cierto, hasta el momento, es la incertidumbre que prevalece en torno a las expectativas de los distintos aspirantes a cargos de elección popular en la entidad potosina, señaladamente en torno a la candidatura a la gubernatura. Como señalamos en la colaboración anterior, las posibilidades de alianzas y pactos entre distintos actores y fuerzas políticas estarán, en primera instancia, delineadas por la posición que se asuma en el proceso de polarización política que ha señalado el propio presidente Obrador y, luego, por la correlación específica de fuerzas que se vaya definiendo de uno y otro lado, tanto en el plano nacional como local, conforme a la naturaleza de los proyectos, acomodos, (des)arreglos internos y demás; pero, sobre todo, la empatía que se logre tejer con la ciudadanía. Así las cosas, los primeros aceleres y escarceos de estos días, bien podrían tenerse como una especie de tácticas preliminares para tantearle el hervor a los calores, pero avizorando la complejidad que viene para definir la suerte política de los distintos actores.

Finalmente, siguiendo una de las observaciones planteadas por Boaventura de Sousa Santos para los países del sur (europeo y latinoamericano), que comentamos en la colaboración anterior, en términos de avanzar en la refundación del Estado para consolidar las transformaciones alcanzadas por gobiernos progresistas, habría que estar atentos a las señales que el presidente Obrador está deslizando, de manera recurrente, para considerar si los aspirantes a la gubernatura potosina entran en uno u otro lado de la proyección de país por él estimado y, junto con eso, las posibilidades de competir en términos de comodín, adversario, enemigo, aliado, incluso... ¿hombre de Estado? Ahora todo es posible, pero -como advirtiera un clásico- lo posible no siempre se traduce en lo probable.