Fundador:
Miguel R. Valladares García

viernes 18 de enero de 2019

Ni un paso atrás

Sergio Sarmiento

“Los hijos de la revolución son siempre ingratos, y la revolución debe ser agradecida de que lo son.”

Ursula K. Le Guin

El presidente López Obrador agradeció ayer “a la gente todo el apoyo que nos están brindando”: al ciudadano, “que está resistiendo por las colas”; “a los trabajadores de Pemex, “sobre todo a los transportistas”; a “la mayoría de los distribuidores”, que “no han abusado aumentando el precio”; a los medios “que han dejado de lado el amarillismo”. Insistió también que no hay desabasto, que sí hay gasolina. Mientras tanto, millones de mexicanos se enfrentan a una pesadilla cotidiana para tratar de cargar gasolina.

Aunque el presidente dijo a los mexicanos “Resistan” apenas el 9 de enero, las afectaciones están creciendo y la paciencia se desvanece. En mi programa de radio he recibido cientos de llamadas con historias como la de Graciela Flores de Ecatepec, discapacitada, que pregunta: “¿Cómo pretenden que me transporte?”; la de una profesora de la UAM me dice que ya no tiene gasolina, que no tiene forma de llegar a sus clases en transporte público, que el Uber le sale muy caro y que no tiene tiempo para pasar tres o más horas esperando a que le surtan gasolina; o la de una empleada a la que después de esperar horas solo le surtieron 15 litros. Tarde o temprano todos se quedarán sin gasolina.

Si bien mucha gente sigue esperando que las cosas súbitamente regresen a la normalidad, esto no ocurrirá si el gobierno no abre los ductos. Solo Jalisco, dice Juan Pablo Castañón, presidente del Consejo Coordinador Empresarial, requiere de 750 pipas diarias, pero está recibiendo apenas entre 150 y 200. Las explicaciones de por qué están cerrados los ductos, por otra parte, han cambiado. Primero el presidente dijo que él había ordenado que se cerraran para evitar el huachicoleo, pero ayer afirmó que se habían registrado dos actos de sabotaje en el ducto de Tuxpan a Azcapotzalco.

El presidente insiste en que no hay desabasto, que sí hay gasolina suficiente, que es cosa de distribuirla. “Ya vamos a la normalidad”, afirmó ayer. De momento, sin embargo, no hay indicación de que el desabasto vaya a desaparecer. Como el flujo de combustible sigue siendo menor a la demanda, a pesar de que la población ha recortado su consumo, lo previsible es que la escasez se agrave en los próximos días y semanas. Solo la apertura de ductos podría cambiar la situación; pero si el gobierno no quiere o no puede hacerlo, el desabasto puede volverse dramático y generar una crisis económica. Ayer, sin embargo, López Obrador dijo: “Ni un paso atrás, ni siquiera para tomar impulso.”

Una de las grandes lecciones de esta crisis es el peligro para la nación de tener una empresa monopólica. Si bien la reforma energética legalizó la importación o producción de gasolina por empresas privadas, la mayor parte del combustible sigue siendo producido, importado o transportado por Pemex. En los países del mundo donde hay muchas empresas productoras y distribuidoras, este tipo de desabasto difícilmente tiene lugar.

Aquí lo importante es que si el desabasto se prolonga varias semanas más, las consecuencias serán catastróficas. Ya estamos viendo problemas cómo la suspensión de la recolección de basura por falta de combustible para los camiones. El abasto de alimentos empezará pronto a ser afectado. Si no se reanuda la provisión de combustible pronto, el país entrará a una crisis, primero económica y luego humanitaria. No se podrá entonces agradecer a nadie.

Inmaduro

Maduro rindió protesta ayer para su segundo período como presidente de Venezuela, en medio de una profunda crisis provocada por su propio gobierno. La inflación en 2018 fue de 1,698,844 por ciento y la economía se desplomó 18 por ciento. Si Maduro hubiera enfrentado una contienda realmente democrática, nunca habría sido reelecto.

Twitter: @SergioSarmiento

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