Otros verbos

Oír, leer, mirar

Esperar-confiar

Rectificar-confirmar

Modificar y mejorar

Reflexionar- redefinir

Inspirarse- inspirar

enfermar y sanar

Morir-VIVIR

Los verbos mencionados hablan sobre las posibilidades que se han abierto desde que se inició el distanciamiento social.

De ese alejamiento se ha derivado la oportunidad de disminuir el ritmo y de poner en valor el contenido de nuestra jornada diaria.

El cuerpo ha encontrado una nueva dinámica de alimentación, movimiento y reposo.

La mente se ha ido despejando a pesar de que insistimos en ofrecerle variedad y multitud de información y entretenimiento a través de las pantallas, en todos sus tamaños y versiones.

Aún así, la vida recobra su valor. La compañía se añora más que nunca mientras crece el anhelo por volver a disfrutar de la libertad de tránsito para viajar y reunirnos en recintos públicos, en oficinas, en festejos y celebraciones, en otras ciudades o en otros países. 

Todo para poder conectarnos a los otros. Esos que vemos en una pantalla plana y luminosa o en versiones fotográficas que les restan autenticidad y frescura. Y que finalmente nos queda a deber.

También hay un aprecio al silencio que por fin se escucha y a la disminución del escándalo emanado del tráfico, de la fiesta y el convivio. Un aprecio a la vía pública, a su limpieza y a la seguridad que ésta brinda o bien, omite.

Y después de habernos -en su momento- volcado por las compras de pánico de papel higiénico o cerveza, la mesura empieza a instalarse dentro de nosotros y ya no alcanzamos la alerta máxima cada vez que el color del semáforo se va a los rojos.

El luto, tristemente, se volvió una visita constante y un color que coincidía con las cifras de fallecimientos y casos críticos de hermanos, padres o amigos. 

La primavera se ha dejado ver en nuestras jacarandas y los días santos nos encuentran en circunstancias que han evolucionado desde que se decidió que debíamos quedarnos en casa -hace un año- "sólo por unas semanas".

Y aún no terminamos de construir esa nueva normalidad a la que se nos dijo desde hace más de 10 meses, que algún día regresaríamos. Más de doce meses ya, para unos en total distancia de los demás y para otros, imposible pensar quedarse en casa. 

Nos ha tocado ser observadores del paso del tiempo, imaginando verbos que nos devuelvan a las calles y a las fuentes de trabajo. Verbos como: cuidar y cuidarse; cubrir y cubrirse; renovar y renovarse; valorar y valorarse.

Esta primavera -aún cuando no alcanzó a florear como otros años en nuestros huizaches y jacarandas potosinas- vista desde los ordenadores o los móviles me hace querer abrazarla y no sólo saber que está ahí afuera. Me provoca ganas de comprar flores y plantar hierbas de olor en macetas improvisadas o en recipientes de desecho solo por el gusto de verlas crecer y pasar la nariz por sus hojas y flores.

Me late que falta un rato lleno de semanas para volver a esa vida de calle y gente. Me late que volveremos poco cambiados y que seguiremos tropezándonos con algunas piedras que ya nos han tirado en otras ocasiones. Pero aún así, me urge conjugar otros verbos que no impliquen el encierro de los últimos meses.