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Miguel R. Valladares García

domingo 17 de febrero de 2019

Seguridad

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“Tenemos el gobierno más

grande y más caro de nuestra historia, y tenemos más violencia y más pobreza que nunca.”

Julián Lebarón

E l crimen no nos deja solos ni un día. Este 3 de octubre fue asesinado José Eduardo Moreira, el hijo de 24 años del ex presidente nacional del PRI y ex gobernador de Coahuila Humberto Moreira. Es sólo uno de los miles de homicidios que tienen lugar cada año en nuestro país, pero nos recuerda que todos los que vivimos en México estamos sometidos a la ley de la violencia.

Tan solo para 2011 el INEGI registró 27,911 homicidios dolosos. Entre 2007 y 2011 el número se ha triplicado.

Esta misma semana se ha exhibido en Youtube un video que muestra cómo el nuevo presidente municipal de Teloloapan, Guerrero, Jesús Valladares Salgado, es presionado por miembros de la Familia Michoacana para nombrar como director de seguridad pública a una persona “neutra”. El video exhibe una realidad que ya sospechábamos, pero que apenas ahora apreciamos en todo su drama.

El mismo 3 de octubre en que fue asesinado el joven Moreira, el presidente Felipe Calderón y el presidente electo Enrique Peña Nieto se reunieron durante casi cinco horas con sus equipos para discutir el tema de seguridad. El presidente Calderón habló al parecer de los logros de su gobierno en esta materia. De hecho, una y otra vez ha ofrecido una imagen, si no triunfalista, cuando menos de inevitabilidad de su estrategia de seguridad.

El 2 de octubre en Hermosillo, Sonora, el presidente se ufanó del “legado” que representa la Policía Federal “para contribuir al México seguro que anhelan y merecen todas las familias mexicanas”. En su mensaje del 3 de septiembre por el informe de gobierno afirmó que “Se han hecho muchas críticas sobre este tema y se harán más, pero lo medular es que tomamos una decisión trascendente: la de enfrentar, de manera contundente, a la criminalidad. Y con esa decisión México comenzó su largo camino a una vida plena de libertad y seguridad.”

Para quien vive siempre detrás de cientos o miles de soldados del Estado Mayor Presidencial es, al parecer, muy difícil entender la zozobra que agobia al resto de la población. Si el objetivo de la estrategia de seguridad nacional era detener o matar a muchos capos, habrá razones para celebrar. Pero si lo que se buscaba era reducir el tráfico o el consumo de drogas y crear una sociedad más segura, el resultado ha sido el mayor fracaso del actual gobierno.

Uno puede entender la estrategia de “enfrentar, de manera contundente, a la criminalidad”. Pero ni siquiera los golpes más fuertes contra los criminales han logrado disminuir el flujo de drogas. La desaparición de los capos, en cambio, ha producido guerras violentas por los vacíos de poder. Las organizaciones criminales, en lugar de debilitarse por las aprehensiones o las muertes de sus jefes, se vuelven más violentas.

El presidente tiene razón al decir que hay pocas opciones. Los candidatos en campaña hablaron todos de un cambio de estrategia, pero aportaron pocas propuestas concretas. El presidente electo ha prometido ahora conservar los aspectos positivos de la estrategia de Calderón, pero hacer ajustes para mejorar el desempeño.

Yo, por lo pronto, no veo más opción real que promover ante la comunidad internacional y ante Washington la legalización de las drogas y la prohibición de las armas. Otras medidas pueden ser importantes, pero de nada servirán si los factores que han generado la violencia no desaparecen.

MARAKI

Entre las posiciones públicas más difíciles en México están las que tienen que ver con la cultura. Los grupos culturales en nuestro país son más complicados y exigentes que los cárteles del crimen organizado. Por eso ha sido tan importante la designación de María Cristina García Cepeda, directora del Auditorio Nacional, como encargada del área de cultura en el equipo de transición. Maraki, como se le conoce en el medio cultural, es una profesional sumamente respetada.

Twitter: @sergiosarmient4

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