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Miguel R. Valladares García

miércoles 23 de enero de 2019

Tobi y compañía

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Son muchas las costumbres que están demasiado arraigadas, “normalizadas”, y el que hace unos días el grupo Café Tacuba haya decidido no interpretar más su canción “La ingrata” ha sido un buen motivo para la discusión sobre lenguaje incluyente, autocensura, libertad de expresión y feminismo. Quien quiera pasar un buen rato y, no estaría mal, cuestionarse sus creencias, debería buscar en las redes sociales el debate sobre el tema.

La violencia no sólo es física. Es el prejuicio, el que sigamos pensando con base en estereotipos. Natalia Jiménez canta a ritmo amariachado: Quédate con ella ay, ay, ay / porque es muy obligada ay, ay, ay / Que planche tus camisas /Que te acompañe a misa / Que te haga las tostadas…”

¿Cuántas veces cantamos algo sin ponerle atención a la letra? ¿O cuántas no nos cuestionamos la ideología que subyace en cualquier obra que vemos o leemos? Se nos hace “normal” que salga “el Vítor” albureándose a sus invitadas en la televisión, o que en los comerciales salgan sólo güeritos. Y, aunque menos, que la princesa tenga que se rescatada por un caballero: fórmula de la Cenicienta reptida una y otra vez en las telenovelas. Hasta hace poco era “común” ver las fotos de presidium en actos oficiales sin mujeres presentes, y hoy se les visibiliza como “clubes de Tobi”, como aquel en el que el compañerito de Lulú no dejaba entrar mujeres. Sin ánimo de mainsplanear —que es como en inglés le llaman a las explicaciones dadas por hombres a mujeres sobre cómo debe entenderse alguna situación, incluido el feminismo—, no es sólo el machismo. Son ideas como la supuesta autoridad de quien tiene estudios, la autoridad que da un puesto (y la posibilidad que da de enriquecerse si que pase nada), el tono de piel, el lugar donde viven (la provincia, el barrio, la colonia peligrosa), la orientación y posibilidades sexuales, la orientación o desorientación política, el modo de vivir nuestro cuerpo, la religión, las corridas de toros o las peleas de gallos, la desaparición del ámbito privado…

Que si Tacuba “cedió” a las “amenazas” de “feminazis”, que si es un atentado a la libertad de expresión, que si hay otras canciones más ofensivas (se ha convocado en Facebook a una marcha contra las letras de Paquita la del Barrio, por cierto, para “exigirle respeto”). El crítico “oficial” de la literatura en México publicó hace unos días un texto donde hace la diferencia entre “feminismo clásico” y “feminismo radical”. Otra escritora relacionada también con la oficialidad escribió en El País, entre otras, frases como la que sigue: “Frente a la catastróficamente imbécil realidad actual, todas las mujeres brillantes que conozco han tenido que intercambiar sus ideas por posturas; tenido que remplazar el libre ejercicio del pensamiento complejo por el aburrido derecho a salir a la calle con cartulinas”. Otra escritora igualmente relacionada con la oficialidad reclamó a un tuitero: “¿De dónde sacas tanto valor? ¿Cuántos libros? ¿Dónde se te cita?”

Y es que siempre hay visiones de lo que debería o no hacer “el otro”. O “la otra”, por supuesto. Y los que están en el poder, por elección, por amiguismo o hasta talento (debe haber algunos casos) no aceptan la crítica, sean políticos o intelectuales. El debate de ideas, de teorías, que es lo interesante, suele ser opacado por el insulto, la descalificación o la censura: la prohibición, la negación o el veto a personas y medios que nos son opuestos. Si el otro no es “como debe ser” entonces es naco, chairo, peñabot, radical, indio, luchona, chacha, puta, punk, arrastrado, envidioso.

Aunque a muchas personas, entre ellos intelectuales e intelectualas, les parezca aburrido el derecho a salir a las calles es algo que, como el lenguaje, visibiliza. Y escribir sobre el tema, recomendar lecturas y puntos de vista diferentes. Si todos supiéramos un poco más de historia, de aportaciones individuales y colectivas a la transformación social, no tendríamos muchos líderes de opinión actuales ni se le darían puestos a quienes no lo merecen y tampoco habría tanto desorientado felicitando a las mujeres cada 8 de marzo.

Y para recordar, a nivel local, Dolores Arriaga Montante fue la primera abogada egresada de la antigua Escuela de Jurisprudencia, hoy Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y fue nombrada como primera magistrada potosina, en épocas de Rafael Nieto Compeán. Ella nació el 8 de agosto de 1893 y murió en 1971. Y recordemos que cuando se reconoció el derecho al voto a las mujeres en San Luis Potosí hubo un diputado que se opuso al son de “por otra parte, la mujer potosina no está solicitando esto, ¿por qué se lo vamos a dar? ¿Por qué vamos a darle una arma a los que tantas veces decimos combatir? A los obispos y curas”. Esto es de 1923, hace casi un siglo, pero siguen la opresión y los prejuicios. No tiene mucho que aún se hablaba de “juanitas”, mujeres candidateadas para “cuidar” el puesto. No es poca cosa que aún se intente quitar la paridad de género, el no reconocer el derecho al aborto, el hablar de feminicidios.

Hay muchos comportamientos sexistas en la sociedad. Reconocer el problema es parte de cambiar. No es de un día a otro pero hay que ver por dónde van las raíces.

Web: http://alexandroroque.blogspot.mx

Twitter: @corazontodito

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