Triste aniversario

B05

El Partido Revolucionario Institucional cumple el próximo domingo 90 años de haber sido fundado (como Partido Nacional Revolucionario). No es ni sombra de lo que fue; su futuro luce lóbrego y el camino para una eventual recuperación -por lo menos a niveles competitivos- está lleno de obstáculos y dificultades.
Y si bien es cierto que hay variables externas que pueden profundizar su crisis actual hasta aproximarlo a la extinción, en lo inmediato son factores internos los que pueden igual salvarlo del abismo que precipitarlo al fondo.
A ocho meses de celebradas las elecciones que lo mandaron a un deprimente tercer lugar, sus liderazgos nacionales y regionales se han comportado civilizadamente, y si bien hay por lo menos media docena de personajes que han expresado interés en ser los próximos presidentes del Comité Ejecutivo Nacional, todos lo han hecho dentro de los cauces institucionales y estatutarios del Revolucionario Institucional, sin agresiones ni amenazas.
Justamente ayer por la tarde estaba convocada una sesión del Consejo Político Nacional cuyos temas principales a desahogar eran definir método de elección de la nueva dirigencia (en julio), fecha de expedición de la convocatoria respectiva y solicitar o no al Instituto Nacional Electoral la organización y realización de la elección. Los resultados del evento los conoceremos hoy con detalle.
Si el PRI es capaz de sortear sin divisiones ni desgarramientos internos su renovación de directiva nacional, podrá prepararse lo mejor posible, aún en las condiciones adversas que se encuentra, para las dos elecciones estatales que habrá este año, en Puebla y Baja California, pero sobre todo para las del 2021, cuando se eligen diputados federales y 13 gubernaturas, ocho de las cuales están hoy en manos del tricolor: Campeche, Colima, Guerrero, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala, Zacatecas y San Luis Potosí. De hecho, será en junio del 2021, dentro de escasos 27 meses, cuando realmente se defina la suerte, el futuro, el destino del nonagenario partido.
No hay duda alguna de que la auténtica fortaleza priísta al día de hoy es la que le aportan sus doce gobernadores, y en mucho menor medida sus menguados sectores obrero, campesino y popular. Sus fracciones legislativas son con mucho las más reducidas de su historia (47 diputados y 14 senadores) y pueden jugar un papel mayor o menormente significativo solo si hacen alianza con otros partidos, siempre y cuando lo que esté en juego sean reformas constitucionales o designación de ciertos funcionarios públicos. Todo lo que se pueda aprobar con mayoría simple, lo tiene asegurado Morena con sus aliados.
Desde esta óptica, si en el 2021 el PRI pierde varias de sus ocho gubernaturas en disputa, y parte de sus diputados, pasará de la orilla del abismo a la caída libre. Habrá llegado el momento de bajar la cortina y apagar la luz.
Por lo que a factores externos que debiliten al Revolucionario Institucional se refiere, el principal es Andrés Manuel López Obrador y su Morena. Ya antes hemos hablado de esto, pero la última vez que lo hicimos –en diciembre pasado- no se percibía ningún afán lopezobradorista-morenista por tundirle al PRI, cosa que no se puede decir hoy, luego de que Napito (sin duda con la aprobación sino es que por instrucciones precisas de Amlo) anda tirándole tarascadas a la CTM, priísta desde siempre, para formar una nueva central obrera.
La única variable exógena que pudiera ser favorable a las expectativas tricolores sería que en dos años el gobierno de López Obrador haya incumplido sus promesas más relevantes; que la situación económica del país se haya deteriorado, que el clima social esté descompuesto y que, en suma, le esté yendo muy mal. Si ocurre lo contrario, entonces sí ¡Adiós PRI!

¿Y AQUÍ, QUÉ?

Para el 2021, juega en contra de las expectativas y aspiraciones priístas el hecho de que ya con el Poder Ejecutivo y la mayoría absoluta en el Congreso de la Unión, con un Poder Judicial Federal amedrentado y con todos los organismos autónomos en pánico, lo único que le hace falta al lopezobradorismo son gubernaturas y congresos estatales. De las primeras tiene únicamente cinco y de los segundos hace cuentas alegres de que tiene más de la mitad, pero eso es un mito: en esa suma se incluye al congreso potosino donde Morena es la minoría más grande pero de ninguna manera es mayoría. Y el caso se repite en otras entidades.
En lo que hace al priísmo potosino, debo ser reiterativo: el enemigo lo tiene en casa; su riesgo mayor son las traiciones, algunas de las cuales están en curso.
En el escenario optimista de que ninguno de sus prohombres le jueguen chueco, el enfoque más realista y potencialmente favorable que puede adoptar el Revolucionario Institucional en nuestro Estado, es la búsqueda de alianzas. Y en esa ruta, la más interesante, para ambos, sería con el PAN. El otro único partido que eventualmente pudiera sumarse sería Movimiento Ciudadano. El PRD agoniza, Nueva Alianza y Encuentro Social perdieron el registro, y los restantes, PT y Verde están bien amarrados con Morena.
Los números son claros: en la pasada elección presidencial, aquí en San Luis Potosí, Morena obtuvo 402 mil 824 votos, equivalentes al 33.4 por ciento de la votación válida, en tanto que el PAN (252 mil 211) y el PRI (211 mil 054) acumularon 463 mil 265, que representaron el 38.4 por ciento del total.
Aunque ya no hay manera de repetir las mismas alianzas de la pasada elección presidencial, si revisamos las cifras por bloques veremos que el fenómeno se repite: Morena-PT-PES, obtuvieron para Andrés Manuel 527 mil 546 sufragios, equivalentes al 43.7 por ciento. La alianza PAN-PRD-MC recibió 334 mil 763, que representan el 26.7 por ciento, mientras que PRI-PVEM-PNA, consiguieron 260 mil 211, iguales al 21.6 por ciento. Es decir, los dos bloques opositores obtuvieron 48.3 por ciento de la votación global, contra el 43.7 de la alianza lopezobradorista.
Sabido es que las alianzas partidistas nunca implican la suma automática de las cifras de cada fuerza política, no obstante lo cual es indudable que si dentro de dos años el PAN y el PRI no quieren ser avasallados y enviados a la marginalidad política en la escala local, deberían tomarse en serio la posibilidad de alcanzar un acuerdo para ir juntos en las elecciones del 2021.
En principio, dado que sus cifras electorales son mejores, lo lógico sería que el candidato a gobernador lo ponga el PAN, pero antes de llegar a la definición –dentro de unos 20 meses- habría que convenir un método de medición de preferencias electorales, tanto por partidos como por personas.
A propósito de las acechanzas traicioneras que se perciben al interior del priísmo potosino, hay un suceso reciente que viene al caso. El sábado 16 de este mes, el gobernador reunió en el hangar del Gobierno del Estado a casi todo su gabinete, a los diputados locales y a la dirigencia priísta. El evento tenía por objetivo vincular lo mejor posible las gestiones de los legisladores y líderes partidistas con los programas de obras y servicios del Gobierno.
En ausencia del mandatario pero por instrucciones suyas, los asistentes comenzaron a trabajar, pero puras generalidades. Pronto se hizo obvio que mucho espíritu priísta que digamos no hay en el gabinete, pues eran mas las evasivas y los silencios que los planteamientos concretos. Carreras López llegó cosa de una hora después, por ahí de las cinco de la tarde. Tomó la palabra en un tono que llamó mucho la atención de los presentes: desanimado, tristón, quejumbroso. Insistió en que sus colaboradores lo dejaban muy solo, que varios de ellos no cumplían sus responsabilidades y –sorprendentemente- manifestó que algunos se habían sumado a su equipo por la simple búsqueda de chamba, pero que luego de tres años y medio ya habían tenido chamba suficiente y ya se podían ir yendo. En ningún momento alzó la voz, contrario a lo que suele ser habitual no fue malhablado, pero lo que más quedó en la mente de quienes lo escucharon es que nunca invocó su facultad de cambiar a todo su gabinete en el momento que mejor le parezca. “No parecía ser el gobernador”, nos dijo alguien que estuvo ahí.
Pero bueno, hacía las seis de la tarde Carreras se despidió, dejó en claro que deberían seguir trabajando para armar un esquema que permitiera al PRI fortalecerse con los programas de gobierno. Incluso fue preciso: “Aquí cierran a las 10 de la noche, así es que les quedan cuatro horas para cumplir el encargo”. Dejó la conducción de los trabajos en manos del secretario general de Gobierno.
Alejandro Leal dedicó largos minutos para echarle la culpa de toda la falta de coordinación y en general del desmadre que hay en el gabinete al secretario técnico del mismo, Aldo Emmanuel Torres Villa; tomó nota de algunas intervenciones y una hora después de que se había marchado Carreras López, dio por concluidos los trabajos y adiós. Eso de que cerraban hasta las 10 y debían esforzarse en concretar un esquema de trabajo para los próximos dos años, le valió madre.

COMPRIMIDOS

Héctor de Mauleón, columnista de El Universal y Subdirector de la Revista Nexos, publicó el jueves pasado en su columna que el PRD desaparecerá en julio venidero. Según De Mauleón, las principales corrientes perredistas ya llegaron al acuerdo de optar por la disolución del Partido, antes de que se siga desangrando, y antes de que su ruina económica lo meta en problemas financieros insuperables. Habrá que ver.

El pasado fin de semana Ricardo Gallardo Cardona dijo en un mitin con sus seguidores que pronto anunciaría “una nueva organización” de la que pasaría a formar parte. No dio ninguna pista, pero parece ser que se trata de “Movimiento Nacional por la Esperanza”, la agrupación que comanda René El Señor de las Ligas Bejarano, que oficialmente no es morenista pero se mueve en su periferia.

Desde abril del 2017 que dejó su dirección Marianela Villanueva, hace casi dos años, el Instituto de Capacitación para el Trabajo (ICAT) permaneció acéfalo. Todo este tiempo estuvo atendido por un encargado de despacho que ya sentía que se había ganado la titularidad, pero dónde que la semana pasada fue designado para ese cargo Raúl Olivares. Juan Manuel Carreras no sólo es lento para hacer cambios en su equipo, lo es hasta para cubrir vacantes. Y así están el Instituto de la Vivienda, desde hace más de un año, y la Junta Estatal de Caminos desde hace unos 8 meses.

En la revisión de documentos que ha hecho la Contraloría Municipal y en otras por cuenta de organizaciones civiles, ha aparecido reiteradamente el nombre de Oscar Bautista Villegas como cómplice de algunas fechorías del ex alcalde Ricardo Gallardo Juárez. Lo mismo le vendió vehículos usados al Ayuntamiento que consiguió una sociedad anónima a modo para traficar con los terrenos del Camino a la Presa, en San José de Buenavista. Pero ¿y qué?

Hasta el próximo jueves.