La generación de Woodstock echa una mirada al pasado

A 50 años del festival de paz y música

La generación de Woodstock echa una mirada al pasado

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Nueva York.- Fue el fin de semana que dio forma a la imagen de la “generación Woodstock”. Y esa imagen repercutiría en las generaciones siguientes, como una señal convocante y provocadora.

Para muchos de los que asistieron o desearían haber estado ahí, el festival de “paz y música” hace medio siglo sigue siendo un punto de inflexión, un momento emblemático de la contracultura y el pensamiento juvenil.

“Fuimos por la música y encontramos mucho más, algo mucho más importante: camaradería”, dijo Karen Brenda, que tenía 17 años cuando fue a Woodstock. Recuerda que se sintió parte de “una generación que pensaba que nada podía detenernos. Paz. Amor. Todo eso”.

Para otros estadounidenses, Woodstock fue un alarde indignante de permisividad y despreocupación en tiempos de guerra. Y algunos no buscaron su identidad musical ahí.

“No hubo una generación única del baby boom. No hubo una interpretación única del significado de Woodstock”, dijo el historiador David Farber. Pero Woodstock se convirtió en una “visión anhelante de lo que la juventud contracultural creía poder lograr en Estados Unidos”.

Breda no fue a Woodstock en busca de una visión de la sociedad. Acababa de terminar la escuela secundaria, le gustaban los conciertos de rock y los tres días del festival incluían a The Who, Jimi Hendrix, Jefferson Airplane y Crosby, Stills, Nash & Young, entre muchos otros.

Después de mentirle a sus padres acerca de dónde iba, llegó desde Boston para encontrarse con una masa anonadadora de gente, carpas, mantas, humo de marihuana, pachulí e improvisación.

400 MIL ASISTENTES

Los organizadores habían vendido 186.000 entradas; finalmente acudieron unas 400.000 personas al festival en Bethel, Nueva York, unos 130 kilómetros al noroeste de la ciudad de Nueva York.

Escaseaban el espacio, el agua y los sanitarios. Había poca seguridad. Abundaban la lluvia y el barro. Breda y sus amigos durmieron en su auto al quedar separados de otro vehículo que transportaba sus equipos de campamento. Acercarse al escenario requería una caminata larga y ardua.

Pero recuerda sobre todo lo que sucedía entre la gente: se conocían, compartían sus provisiones, tocaban juntos guitarra.

ÉPOCA DE PROTESTAS

En una época de enconadas protestas contra la Guerra de Vietnam, Woodstock “parecía trascender el furia que evidentemente mucha gente sentía. Era el hecho de estar juntos, de ayudar a alguien que necesitaba algo”, dijo Breda, profesora de enfermería en la Universidad de Hartford en Connecticut. “La música hablaba por nosotros”.

Esa sensación de comunidad y serenidad no sólo impresionó a los asistentes, a pesar de las decenas de arrestados por drogas, los problemas de salud desde lastimaduras en los pies descalzos hasta crisis por LSD y dos muertes, una por sobredosis de heroína y otra de un adolescente atropellado, según los despachos de la época de The Associated Press.

No hubo informes de violencia, y un jefe de policía dijo que nunca había conocido a “un grupo de chicos tan amables, considerados y bien educados”. Max Yasgur, el agricultor que alquiló su tierra al festival, dijo que conocerlos “me obligó a abrir los ojos”. “Creo que Estados Unidos tiene que prestar atención”, añadió.

Y lo hizo. En muchos casos 

con desdén. Muchos estadounidenses vieron en Woodstock el espectáculo de hippies drogados, desnudistas y promiscuos que retozaban en la mugre, con “poco más cordura que los impulsos que llevan a los lemmings a arrojarse a morir al mar”, como dijo el New York Times en una editorial (sin dejar de reconocer que “esos intrusos de aspecto extravagante observaron una conducta asombrosamente buena”).

SÍMBOLO

Y para algunos, Woodstock sería un símbolo perdurable de las divisiones de la Guerra de Vietnam: de un lado, una multitud de jóvenes reunidos por la “paz y la música”; del otro, más de medio millón de sus coetáneos combatiendo en Vietnam.

“Estoy seguro de que fue un suceso cultural y farmacológico. Yo estaba ocupado en ese momento”, dijo en célebre frase el recordado senador John McCain en 2007.

Su alusión a los cinco años y medio que pasó en Vietnam del Norte como prisionero de guerra recibió una ovación de pie en un debate de las internas republicanas. El expiloto de la armada ganaría luego la candidatura. Dos años después, la revista de la organización de veteranos de guerra recordó el 40 aniversario de Woodstock con un artículo central sobre los 109 efectivos militares que murieron en Vietnam durante el festival y “jamás reciben elogios de los ilustres portavoces de la ‘Generación del 60’”.