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El inicio de año es siempre una excelente oportunidad para recordar la transitoriedad de todos los fenómenos con los cuales interactuamos y la apertura a ver la manifestación de nuevos elementos tanto físicos, como mentales y emocionales. Esta continuidad es un proceso de disolución y creación constante que le da ritmo a la Vida y brinda una sensación de temporalidad que nos invita a vivir conscientemente el eterno presente.
Si bien este reconocimiento es de fácil observación, su aceptación no es tan sencilla. Nos enfrentamos a uno de los tipos de sufrimiento que es el sufrimiento por el cambio: aquello que nos gusta no queremos que cambie y lo que nos disgusta queremos que cambie inmediatamente. Por ello, el mejor acompañante en este reconocimiento es la paciencia. En el primer caso, cuando no queremos que lo que nos gusta termine nos lleva al tema del fallecimiento de nuestros seres queridos. Una parte de la mente nos dice que ‘así es la vida’ y otra parte de la mente nos responde ‘sí, pero no me gusta y no debió haber pasado…’. Esta resistencia nos lleva a la trampa de rumiación y nos aleja cada vez más de una mente en calma. En el segundo caso, cuando queremos acelerar los procesos de cambio cuando la situación es dolorosa, nos lleva a sentir angustia y ansiedad.
Podemos entonces abrazar esta continuidad de experiencias en nuestra vida con gratitud y con plena conciencia, para así saber dejarlas ir y no caer en trampas mentales que sólo nos llevan a vivir ilusoriamente en el pasado o el futuro. Si nos abrimos con paciencia a este año, a este clima, a esta edad y a este cuerpo, entonces nuestras relaciones serán más fluidas y nutricias, llenas de calma y asombro dichoso. No se trata de dejar de hacer planes o de recordar, más bien es saber hacer planes y saber recordar a través del reconocimiento constante de que ambos no pertenecen a la realidad ‘real’ del momento presente. Toma ahora una pausa, cierra tus ojos y haz un par de respiraciones consciente de la continuidad de la vida que fluye a través de ti. ¡Estás vivo!








