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Los secretos de la fuerza que hemos revisado en las últimas semanas: vigilancia, atención y armonía llegan a cristalizarse a partir de su último elemento. Éste es la concentración/liberación de la energía primordial conocida en Oriente como Chi o prana.
Más allá de visiones mágicas, el reconocimiento que la relación mente-cuerpo necesita un puente no material para que funcione es algo que podemos constatar en este preciso momento que estamos leyendo. La fuerza detrás de los procesos mentales y de los movimientos físicos es algo que está presente aunque carece de forma y peso.
Esta energía se mantiene estable, es decir, en un fluir natural de ir y venir, de expansión y de contracción, del hacer y la quietud: el yin-yang. Cuando decimos que alguien ‘nos roba’ la energía o ‘nos pasa’ energía son expresiones desde una visión materialista mágica que distan del entendimiento profundo del fluir natural de la fuerza vital. Lo que sucede es que si nuestra mente está cerrada, afligida, perturbada por una visión egocéntrica de la vida, entonces sentamos las condiciones para rápidamente sentirnos cansados, iracundos y abatidos. No es otra persona o una ‘energía mala’ o entidad maligna la que nos desgasta sino una mente saturada que cubre el fluir natural de esta fuerza vital. Es decir, depende de cada uno de nosotros el mantenernos con una presencia de energía constante, potente e ilimitada.
En resumen, los secretos de la fuerza son en realidad expresiones de una mente equilibrada que, a través de la toma de conciencia, potencializa nuestra sabiduría interna que nos permite ser libres y plenos. Prácticas como la meditación contemplativa, el Tai Chi o el Yoga nos brindan el espacio adecuado a través del cual fluir naturalmente tanto a nivel interno como externo, reconociendo que una única Fuerza Primordial está en constante expansión y contracción armónico.








