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Los escenarios eran escaleras, pasillos y un elevador, caminé durante toda la noche en este edificio.
Entraba y salía de pasillos o habitaciones, iban del piso dos, al piso cinco, del ocho, al doce, de vez en cuando llegaba algún lugar donde podía encontrar un ser humano. Una de esas veces entré a un consultorio donde había un médico con un dolor de cabeza horrible.
Las tenazas de la migraña no me dejaban ver el rostro del hombre, yo le recomendé que se pusiera un pircing en la oreja, él se burló de mi y se quedó con su dolor y su cara de cangrejo.
En otro cuarto olvidé mis zapatos y no recordaba en que piso los dejé, durante la segunda parte de mi sueño estuve buscándolos. Subía y bajaba el elevador, ya cansada.
Tanto tiempo en un lugar hace que memorice cada rincón, que bese la calva del hombre de la migraña y que por fin, después de nueve horas salga del sueño con una respiración profunda, asegurándome de despertar bien y con los zapatos puestos.
Entraba y salía de pasillos o habitaciones, iban del piso dos, al piso cinco, del ocho, al doce, de vez en cuando llegaba algún lugar donde podía encontrar un ser humano. Una de esas veces entré a un consultorio donde había un médico con un dolor de cabeza horrible.
Las tenazas de la migraña no me dejaban ver el rostro del hombre, yo le recomendé que se pusiera un pircing en la oreja, él se burló de mi y se quedó con su dolor y su cara de cangrejo.
En otro cuarto olvidé mis zapatos y no recordaba en que piso los dejé, durante la segunda parte de mi sueño estuve buscándolos. Subía y bajaba el elevador, ya cansada.
Tanto tiempo en un lugar hace que memorice cada rincón, que bese la calva del hombre de la migraña y que por fin, después de nueve horas salga del sueño con una respiración profunda, asegurándome de despertar bien y con los zapatos puestos.








