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…anoche soñé con mamá, llevaba un vestido negro, cara cubista de perfil, pálida, un ojo grandísimo, cigarro entre los labios. Era una imagen muy familiar en el sueño y fuera del sueño, casi podía olerla. Arrojaba el humo formando círculos que ondeaban hasta deformarse. En el piso había un cementerio de colillas que no quería pisar. Sentí que me ahogaba en ese departamento, el humo era un calabozo. Mi respiración se detuvo.
(desperté por unos minutos para jalar aire, porque el ahogo se volvió real, luego el sueño me llevó de nuevo, como un rebaño de antílopes asustados)
La silueta geométrica de mi madre se volvía poco a poco más delgado, igual que la corriente de aire que fue pastoreando el celaje de nicotina. Yo tenía en mis manos un mecate e intentaba jalar la inmensa nube que oscureció el cielo, pero ese monstro intentó llevarme, por eso la solté resignada. Su silueta se salió por la ventana y comenzó a crecer y elevarse, un hombre bien vestido con cabeza de conejo me sonrió desde el sofá y pensé que a ella ya no le importaba nada que tuviera que ver con la tierra, con el peso de las cosas concretas, con el rímel denso, con la leche que dejó en la estufa derramándose sin parar. Pensé que se trataba de un viaje largo y me despedí de esa tempestad que ahora era su cuerpo. Simplemente cambió a ese estado gaseoso que siempre quiso ser…
(desperté por unos minutos para jalar aire, porque el ahogo se volvió real, luego el sueño me llevó de nuevo, como un rebaño de antílopes asustados)
La silueta geométrica de mi madre se volvía poco a poco más delgado, igual que la corriente de aire que fue pastoreando el celaje de nicotina. Yo tenía en mis manos un mecate e intentaba jalar la inmensa nube que oscureció el cielo, pero ese monstro intentó llevarme, por eso la solté resignada. Su silueta se salió por la ventana y comenzó a crecer y elevarse, un hombre bien vestido con cabeza de conejo me sonrió desde el sofá y pensé que a ella ya no le importaba nada que tuviera que ver con la tierra, con el peso de las cosas concretas, con el rímel denso, con la leche que dejó en la estufa derramándose sin parar. Pensé que se trataba de un viaje largo y me despedí de esa tempestad que ahora era su cuerpo. Simplemente cambió a ese estado gaseoso que siempre quiso ser…








