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Acuífero y presas: ciudad sin agua El transporte frenado

Por PULSO

Mayo 30, 2022 03:00 a.m.

Han pasado más de 175 años desde que comenzó la construcción de la presa San José, inaugurada a principios del siglo 20. Desde entonces, la vida de los recursos hidráulicos se ha complicado en San Luis Potosí, y el efecto mayor, se resiente en su zona metropolitana compuesta por los municipios de San Luis Potosí, Soledad de Graciano Sánchez, Cerro de San Pedro, Villa de Reyes y Mexquitic de Carmona. La sobreexplotación del acuífero, y la dificultad para tomar líquido de fuentes superficiales, han provocado un enorme pasivo que no parece tener solución definitiva a corto plazo. Apenas crecen ligeramente las posibilidades de tomar agua de las presas, y el centro poblacional creció a niveles de abasto de agua insostenible.

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Para muestra de crecimiento de la zona urbana, observar superficie del territorio de la Zona Metropolitana, que sí va ocupando la mancha urbana. Es verdad que durante los tres años anteriores, la ciudad de San Luis Potosí dejó de ser competitiva para ofrecer tierra a buen precio y desarrollar la ciudad, pero también es cierto que nadie ha tenido un plan para garantizar el abasto de agua por lo menos para el siguiente medio siglo. El intento por abastecer a la ciudad de San Luis Potosí por medio de un proyecto compartido con el estado de Guanajuato, se ha convertido hasta ahora en el mayor fracaso de las políticas públicas para crear proyectos duraderos.

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Casi 50 accidentes de fractura en el acueducto de la presa El Realito, indican que ni siquiera la infraestructura cuenta con la solidez planeada para garantizar la seguridad del abasto de agua de la ciudad de San Luis Potosí. Algún mal responsable de proyecto, consiguió vender al gobierno federal, la idea de que el acueducto era un elemento para durar por siempre. Los accidentes indican que la autoridad nunca debió avalar un proyecto riesgoso. En su sano juicio, y desde hace más de un siglo, los responsables de canalizar agua, utilizan tubería de acero. Un ejemplo es el acueducto antiguo que tomaba las corrientes de los arroyos Jordán y La Maroma, en la Sierra de Real de Catorce, para llevar servicio al municipio de Matehuala. Más de un siglo, y el tubo está ahí.

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En el caso de la capital potosina, desde hace décadas, el abasto de agua ha sufrido una serie de contratiempos, ligados a la falta de equipamiento de pozos, el abatimiento del acuífero profundo, la mayor disponibilidad de agua contaminada con metales pesados, y la que de ninguna manera es novedad alguna, es decir la presencia de flúor, que durante las últimas 7 décadas ha caracterizado al agua subterránea de San Luis Potosí, y ha aportado 70 años de generaciones de pacientes que en sus piezas dentales exhiben fluorosis. Eso lo sabe cualquier dentista con sentido común. La novedad, por cara que sea, es alguna posibilidad para separar el flúor del agua potable, procedimiento que sería muy costoso para el servicio domiciliario. Con razón hay una percepción de calificación baja al abastecimiento de agua. A las autoridades les espera mucho trabajo.

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Parece ser que los diputados locales le dieron al clavo a la solución de fondo al sistema de transporte público. No habrá permiso para renovar unidades con más allá de los 10 años de antigüedad. Y es que es una obligación de los permisionarios y empresarios del transporte, tomar sus previsiones financieras para renovar autobuses, prestar en forma eficiente en servicio, y evitar la suspensión de rutas, como ocurre con los itinerarios de los circuitos ruta 33 y 34, y las rutas 29, 31 y 32, y la suspensión del transporte hasta la colonia Rinconada de los Andes, todas, decisiones de Transportes Urbanos y Suburbanos Tangamanga, la usuaria de la concesión colectiva de los bienes del Sistema Estatal de Transporte desde el año 2000. Otros que mantienen muy baja circulación de unidades, son los operadores de las rutas 26, 10 (“Perimetral”, por cierto entregada por Fernando Silva Nieto a los permisionarios, cuando pertenecía a los bienes del Sistema Estatal de Transporte) y 17. También en materia de disponibilidad de unidades en buen estado, es un pasivo de años.